martes, 8 de diciembre de 2020

Media vida sin verte

Querida abuela,

Llevaba varias semanas pensando en escribirte para decirte que estos días se cumplen media vida mía sin verte. No veas lo que te recuerdo.

Te fuiste sin avisarme cuando yo tenía 18 años, y no imaginas las cosas tan hermosas que han ocurrido en estos otros 18 años. Tengo que contarte tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. No sé si empezar por decirte que todos tus hijos y nietos estamos bien, o por decirte que no hay una semana del año en el que en algún momento no se me venga alguno de tus recuerdos.

Cierro los ojos y veo tu figura, riguroso luto, mandil al talle cuando nos hacías refrito, y pañuelo blanco guardado en una de tus mangas. Sigo con los ojos cerrados y te veo sentada en el sillón orejero rodeada de mis tíos y primos, todos comiendo los churros y las chuches que poníamos en el centro de la camilla. Ahí aprendí el valor de la familia y el de compartir. Gracias por tanta enseñanza. No quiero abrir los ojos para recordar cuando me llamabas “Joselito el Gallo” y me decías que te regase las macetas porque te dolían las piernas, o cuando me pedías que cambiara la tv a la 2 porque iba a empezar los toros. Creo que de ahí viene mi pasión.

Nunca olvidaré lo feliz que fui siendo un niño jugando en tu casa con mis primos, las veces que mirábamos el pájaro muerto en la pared, los cumpleaños en las habitaciones de atrás del todo, las noches jugando en la calleja, las veces que nos mandabas a comprar anca la conce o anca molano, y las veces que nos recordabas no arrimarnos al pozo. Millones de recuerdos que tengo en el cajón de mi memoria.

Imagino que estás deseando ver alguno de tus hijos. Ten paciencia, aunque van para arriba están todos estupendamente. Es hermoso verlos a todos juntos siempre, compartiendo los buenos y no tan buenos momentos. Yo disfruto pasando tiempo con ellos: nos vamos “al plao” cada verano, pasamos la navidad en familia, hacemos rutas a castillos, y estamos siempre celebrando cosas. Siempre comiendo, cantando y bailando, y algunos jugando a las cartas. Siéntete orgullosa de la familia que formaste, nosotros todos estamos muy orgullosos de ser Sileros. Nos encanta que nos digan por la calle “te he sacado por la pinta, sois todos iguales”.

Cuando nos dejaste estaba a punto de irme a la universidad, pues me licencié en economía. Después de unos años de vivir en Inglaterra y de renovarme un poco profesionalmente, decidí vivir en Madrid para probar suerte. No puedo quejarme, estoy bien y contento, pero echo mucho de menos a los míos, y a mi querida Extremadura. ¿Recuerdas aquello que te conté tantas veces?, pues hablé con mis padres, mis hermanos y algunos de mis amigos, y todo fue fenomenal. Ahora estoy más tranquilo que nunca. Te iré contando si hay novedades.

Seguro que mi madre te ha escrito un whatsapp, es toda una influencer, para hablarte de mis hermanos y mandarte alguna foto, le encanta. Nuestra “tata” está mejor que quiere, aunque se queja mucho. Mi hermano está genial, sigue soltero y mi madre no consigue echarlo de casa ni con agua caliente. La niña, que tiene ya 33 otoños, no cambia, sigue igual de loca y viviendo a su manera. Yo a veces les envidio. A quién envidio es a mi padre, no lo vas a reconocer el día que lo veas. Está cambiado en todos los aspectos, parece un joven de 30 años, y cuida de mi madre como nunca: que si todos los días le hace el desayuno y se lo lleva a la cama, que si “pichi” llévame aquí o allí, que si “niño” vamos a este evento o a esta cena. Están todo el día de chupa y enciende, y bien que hacen. Ah por cierto, abuela mi padre te tiene preparadas unas aceitunitas machadas que tanto te gustan. Cuando vaya a verte te las llevo.

¿Y que te cuento de mi madre?, pues que la amamos con toda nuestra alma. Que es un ser muy especial, a pesar de que es tauro. Ya se ha jubilado, si es que en algún momento para de trabajar. Sigue igual de cariñosa y callejera que siempre, aunque sabe perfectamente donde está el nido. Me recuerda mucho a ti, es la matriarca de la casa. Conoce a medio pueblo, y la quiere el otro medio. Es una luchadora ejemplar que está ganando su batalla. No sé si te ha dicho que tiene 2 nietos, mi Ángel y mi Carlos. Ángel es guapo a rabiar, y es un ser muy noble. Carlos es un sabio con mucho arte. Los queremos muchísimos.

De resto decirte que el mundo está cambiando a pasos gigantescos, que todo está medio loco, que te prometemos seguir todos unidos y cuidarnos como siempre lo hemos hecho. Sé que nos proteges a todos desde donde estés y que eres la guía para muchos de nosotros. Dale recuerdos al abuelo, y cuida de cada uno de nosotros hasta cuando nos llegue el momento de volver a verte.

Aunque la vida me quitó pronto de tu presencia, te recordaré siempre abuela.

Tu nieto.

domingo, 25 de octubre de 2020

Salud vs Economía

 La crisis del coronavirus ha puesto a debate el gran dilema de si salud primero o economía, de si hay que salvar vidas humanas en contra de la muerte de empresas, o de si hay que equilibrar ambas para una salida de la situación.

Ante tan complejo dilema gobiernos de todo el mundo han implantado medidas, más o menos acertadas, a fin de proteger la salud o la economía, sin ser en muchos casos conscientes de que ambas opciones están íntimamente unidas. ¿Podemos garantizar la protección de la salud si no hay recursos que la financien? ¿Podemos potenciar la economía si la sociedad está enferma? ¿Dónde está la línea que las une?

De siempre se ha dicho que sin salud no vas a ninguna parte, que por mucho dinero que tengas, si no tienes salud tienes los días contados. También se ha dicho que por mucha salud que tengas, si no tienes para llevarte un trozo de pan a la boca, morirás de hambre o de otra cosa. La cuestión entonces es: ¿la salud lo es todo?, en situaciones como la generada por la covid-19 ¿podríamos éticamente renunciar algo de salud en aras de salvar la economía? Seguro que para muchos la respuesta a estas preguntas podría estar influenciada por su corte ideológico.

Ante la falsa dicotomía, de si salud o economía, es necesario tener una visión tanto de corto como de largo plazo. En el inicio de la crisis, el corto plazo, fue necesario anteponer la salud pública dada la incertidumbre y el desconocimiento total de la covid-19. Pero no podemos quedarnos ahí, también es necesario contar con una visión de largo plazo para cuando la situación mejore. Por que como dicen algunos, si no te mueres por el coronavirus corres el riesgo de morirte de hambre, de alguna enfermedad mental, o por la simple falta de oportunidades.

Expertos e intelectuales de toda índole llegan a la conclusión de que hay que buscar un equilibrio entre proteger la salud de los ciudadanos y proteger la economía del colapso. Equilibrio que se da por ejemplo en la epidemia de gripe que anualmente causa en España en torno a 6000 muertes, y sobre la que nadie plantea el cierre de la actividad económica a fin de salvar todas las muertes por gripe. El problema residiría en cómo medir los beneficios de las medidas de protección y el potencial de vidas humanas salvadas, contra los costes del perjuicio económico que tales medidas supondría, a objeto de evaluar si el remedio sería peor que la enfermedad.

En otras palabras, habría que averiguar cuanto se está dispuesto a pagar en estos momentos, como sociedad, por reducir el riesgo de mortalidad. El riesgo de momento no va a desaparecer, por tanto habría que buscar el equilibrio en el que a partir de este los beneficios superen los riesgos asumidos. Ya que puede resultarte muy de teoría económica, te pondré un ejemplo. Las muertes por accidente de tráfico se podrían reducir a cero prohibiendo la circulación, pero la sociedad no permitiría esta medida dado que los beneficios de moverse por carretera son superiores al riesgo de perder la vida en un accidente.

Es cierto que tras la conmoción social, sanitaria y económica, probablemente la mayor de muchas décadas, la economía se recuperará, es cíclica y siempre se comporta así, y que las vidas humanas sesgadas ya serán irreversibles. Es responsabilidad de todos minimizar los riesgos y potenciar las oportunidades, porque tanto uno como otra no van a desaparecer.

Pasada la situación crítica y de incertidumbre inicial de la pandemia, es momento ahora de buscar el equilibrio entre controlar el virus y activar la actividad económica. Es una falsa disyuntiva el tener que elegir entre salvar vidas o salvar la economía, ambas son compatibles y necesarias.

sábado, 30 de mayo de 2020

Felicidad en tiempos de coronavirus

Se ha escrito tanto sobre felicidad y existe tanta literatura al respecto que es llamativo observar como ante situaciones como la ocasionada por el covid-19 no somos capaces de ponerla en práctica. Porque seamos claro, en esta vida estamos para ser felices.

Aunque el mundo pareciera no estar en estos momentos para mucha fiesta, se ha colado un invitado no esperado ni deseado, está en tus manos cómo tú te lo pases. Consciente de que la crisis generada por el coronavirus, del estado de alarma y sus consecuencias, del estrés y toda la ansiedad que genera los miedos e incertidumbres que se presentan no ayudan nada, es vital saber que la felicidad y bienestar depende de uno mismo y de cómo cada uno afronta la realidad.


Es importante entender que el ser humano a lo largo de su vida vivirá momentos de adversidad, pues estos no van a desaparecer. Nuestra capacidad de adaptación y el ver las cosas desde una perspectiva positiva será lo que nos permita ser felices en momentos difíciles.

Aceptar la adversidad y la nueva realidad nos ayudará a sobreponernos de manera más rápida y más fuerte. Por el contrario, rechazarla o negarla no hará que desaparezca, sino que acrecentará más nuestra insatisfacción y frustración, y nos dejará en desventaja respecto a aquellos que ya la han aceptado y están trabajando para superarla.


Adaptarnos a cualquier situación que se nos presenta en la vida es fundamental para nuestra supervivencia. Si no podemos cambiar la situación, que es lo más probable, lo inteligente es adaptarse a ella. Esa es la clave: adaptación. Si te resistes y crees que puedes seguir como siempre, no harás los reajustes necesarios para sobrevivir con éxito en la nueva realidad.

Tienes que saber que adaptarse requiere mucho esfuerzo. Implica renunciar, priorizar, ser flexibles y tolerantes. Adaptarse también puede requerir pedir ayuda para reaprender a disfrutar la vida en la nueva realidad, la cual no será ni mejor ni peor, simplemente diferente.


Las adversidades no tienen por qué paralizarte. Es más, tienen que ser un impulso para mejorar y reforzarte hacia tus metas. Y aquí no debes olvidar que la felicidad no ha de estar en el punto final del destino, sino en el recorrido y viaje que te lleva a este. En palabras del ex presidente de Uruguay José Mújica, “mientras tengas causa para vivir y luchar, no tienes tiempo para estar descontento”.

A pesar de las adversidades que se presentan, la vida merece ser vivida. Y para vivirla felizmente hay que aceptar los desafíos y afrontarlos con una aptitud de adaptación y de positividad. Todo saldrá bien.

sábado, 21 de marzo de 2020

Coronavirus: crisis y oportunidad

Inmersos en la mayor privacidad de nuestras libertades, asunto este necesario, es momento de reflexionar acerca de lo que estamos viviendo. Nadie días atrás imagina que un dichoso virus podría hacer tambalear nuestros modelos sociales y económicos.

No vemos caer bombas. Tampoco sabemos la cara que tienen el dolor y el sufrimiento ahí fuera. Por el contrario, sí somos conscientes del momento de emergencia que nos ha tocado vivir. Estamos siendo testigos del desnude de la especie humana, donde mientras unos manifiestan su egoísmo más extremo, otros heroicos muestran su lado más profesional y solidario. Gracias a estos últimos.


Ahora todo el foco y esfuerzo debe estar en gestionar la crisis sanitaria y salvar el mayor número de vidas posible. Pasada esta, habrá que atender sus efectos sociales y económicos. Si estos no se gestionan adecuadamente, me temo que una revolución ciudadana será la encargada de cambiar todos los paradigmas que actualmente apuntalan el mundo, empezando por el propio sistema económico hasta terminar por el modelo social y democrático que sustentan nuestras sociedades.

En estos momentos vitales, de toda la clase política y sus instituciones se espera unidad y lealtad. Ya habrá tiempo de criticar errores y depurar responsabilidades. De los agentes sociales y económicos se espera cooperación y empatía para no dejar a nadie atrás. Y de los ciudadanos responsabilidad y compromiso para seguir las pautas dictadas. El estar confinados es un acto solidario con la vida. Únicamente desde esta unidad colectiva se podrá vencer esta pandemia y volver a la normalidad.


La Unión Europea corre el riesgo de contagio, y este puede ser mortal para el proyecto común. Después de garantizar paz y prosperidad por décadas, afronta su amenaza existencial más grave. Podrá salir más fuerte o pronosticada a desaparecer; dependerá de su respuesta y de la percepción de sus ciudadanos. En la gran crisis del 2008 falló, primó el interés nacional al común europeo. Me arriesgo a decir que sus primeros compases no están mucho en sintonía con lo que se espera de ella.

La que parece tampoco estar en sintonía, y con alta probabilidad de contagio, es la casa real con Felipe VI a la cabeza. La cacerolada del pasado miércoles, nunca antes vista en España, es un claro síntoma de la debilidad de esta institución. Si a esto le unimos el mensaje vacío y tardío del monarca, y el inapropiado momento para el comunicado transcendental que publicó éste días antes, me hace pensar que nunca voy a presenciar la coronación de la princesa Leonor como reina de España.


En la actual situación los medios de comunicación juegan un papel crucial. Es su responsabilidad informar con claridad y veracidad, siendo conscientes del impacto emocional de sus noticias. El covid-19 no ha de ocultar otros dramas que nuestra sociedad está viviendo, llamase refugiados de guerra, cambio climático o violencia de género, que los medios parecen haber olvidado.

Desde que estalló la crisis del coronavirus numerosos médicos y expertos en diferentes materias están expresando sus ideas y recomendaciones de cómo arreglar la situación, a la vez que criticando la gestión de la misma. La pregunta es clara y directa, si son tan excelentes y destacados profesionales ¿qué hacen que no están en la élite asesorando a los que toman las decisiones y/o gobernando el mundo? No hace falta responder, respondo yo: lo que están es esperando a recibir una llamada para participar en Supervivientes o Gran Hermano.


La actual crisis debe ser la crisis de la oportunidad. Oportunidad para fortalecer  el sistema sanitario público. Oportunidad para valorar las relaciones familiares y sociales. Para cambiar lo que no funciona. Oportunidad para mejorar la conciliación laboral-familiar. Oportunidad para demostrar quienes somos, y de que unidos podremos superar esta y cualquier otra adversidad.  En definitiva, el coronavirus ha de ser una oportunidad para mejorar la humanidad.