La crisis del coronavirus ha puesto a debate el gran dilema de si salud primero o economía, de si hay que salvar vidas humanas en contra de la muerte de empresas, o de si hay que equilibrar ambas para una salida de la situación.
Ante tan complejo dilema gobiernos de todo el mundo
han implantado medidas, más o menos acertadas, a fin de proteger la salud o la
economía, sin ser en muchos casos conscientes de que ambas opciones están
íntimamente unidas. ¿Podemos garantizar la protección de la salud si no hay
recursos que la financien? ¿Podemos potenciar la economía si la sociedad está
enferma? ¿Dónde está la línea que las une?
De siempre se ha dicho que sin salud no vas a
ninguna parte, que por mucho dinero que tengas, si no tienes salud tienes los
días contados. También se ha dicho que por mucha salud que tengas, si no tienes
para llevarte un trozo de pan a la boca, morirás de hambre o de otra cosa. La
cuestión entonces es: ¿la salud lo es todo?, en situaciones como la generada
por la covid-19 ¿podríamos éticamente renunciar algo de salud en aras de salvar
la economía? Seguro que para muchos la respuesta a estas preguntas podría estar
influenciada por su corte ideológico.
Ante la falsa dicotomía, de si salud o economía, es
necesario tener una visión tanto de corto como de largo plazo. En el inicio de
la crisis, el corto plazo, fue necesario anteponer la salud pública dada la incertidumbre
y el desconocimiento total de la covid-19. Pero no podemos quedarnos ahí,
también es necesario contar con una visión de largo plazo para cuando la
situación mejore. Por que como dicen algunos, si no te mueres por el
coronavirus corres el riesgo de morirte de hambre, de alguna enfermedad mental,
o por la simple falta de oportunidades.
Expertos e intelectuales de toda índole llegan a la
conclusión de que hay que buscar un equilibrio entre proteger la salud de los
ciudadanos y proteger la economía del colapso. Equilibrio que se da por ejemplo
en la epidemia de gripe que anualmente causa en España en torno a 6000 muertes,
y sobre la que nadie plantea el cierre de la actividad económica a fin de
salvar todas las muertes por gripe. El problema residiría en cómo medir los
beneficios de las medidas de protección y el potencial de vidas humanas
salvadas, contra los costes del perjuicio económico que tales medidas supondría,
a objeto de evaluar si el remedio sería peor que la enfermedad.
En otras palabras, habría que averiguar cuanto se
está dispuesto a pagar en estos momentos, como sociedad, por reducir el riesgo
de mortalidad. El riesgo de momento no va a desaparecer, por tanto habría que
buscar el equilibrio en el que a partir de este los beneficios superen los
riesgos asumidos. Ya que puede resultarte muy de teoría económica, te pondré un
ejemplo. Las muertes por accidente de tráfico se podrían reducir a cero
prohibiendo la circulación, pero la sociedad no permitiría esta medida dado que
los beneficios de moverse por carretera son superiores al riesgo de perder la
vida en un accidente.
Es cierto que tras la conmoción social, sanitaria y
económica, probablemente la mayor de muchas décadas, la economía se recuperará,
es cíclica y siempre se comporta así, y que las vidas humanas sesgadas ya serán
irreversibles. Es responsabilidad de todos minimizar los riesgos y potenciar
las oportunidades, porque tanto uno como otra no van a desaparecer.
Pasada la situación crítica y de incertidumbre inicial de la pandemia, es momento ahora de buscar el equilibrio entre controlar el virus y activar la actividad económica. Es una falsa disyuntiva el tener que elegir entre salvar vidas o salvar la economía, ambas son compatibles y necesarias.




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