miércoles, 30 de diciembre de 2015

Navidad, ya no eres lo que eras

Tendría que remontarme a años de mi infancia para sentir el verdadero espíritu de la navidad. Y es que las cosas han cambiado. Y mucho.

No sé realmente que me pasa, o quizás lo sepa muy bien, pero estoy apropiándome poco a poco de una frase que año tras año mi madre dice ante la proximidad de estas fechas, “Cada vez me gusta menos la navidad”.

Pero, ¿cuál es el sentido de la navidad?. Centenares de años atrás se festejaba la resurrección del sol. Se celebraba la noche más corta del año. Más tarde, con el cristianismo, estas fiestas además de conmemorar el nacimiento de Jesús, seguían siendo de comunidad y de familia. Pero, ¿Queda algo hoy en día de todo esto?.

 

Nuestra sociedad, declarada cada vez más agnóstica y atea, verdaderamente no festeja nada de esto. Y no me sorprende. Yo hace algunos años emprendí un nuevo camino de exploración y reflexión hacia unas creencias diferentes a las que mi familia y la sociedad que me rodeaba me habían inculcado. Fue una decisión difícil, con mucha trascendencia, pero la cual me motiva día a día a descubrir nuevas cosas.

Tampoco me gusta la navidad por el sentido de consumo que está adquiriendo. Es un período de consumo compulsivo. La gente compra por comprar. Sin control. Sin necesitar lo que compran. ¿Acaso hoy en día hay que esperar a la navidad para comer jamón o marisco?. Eso era antes. Y ya lo decía el refrán: cuando un pobre come jamón, o el jamón está malo o es el pobre el que está malo. No entiendo porque se espera a estas fechas para comprar ciertos productos, si durante todo el año te lo puedes permitir igual, y a menor precio. Quizás va relacionado con el tema de aparentar. Pero ese es otro asunto.


Y es que somos una sociedad hipócrita. Durante estas fechas son todos buenos deseos. Se saluda por doquier. Feliz Navidad, Felices Fiestas, Feliz Año Nuevo. Y todo esto entre personas que durante el año ni se miran, ni se dicen los buenos días. Pero ahora sí, estos días todo el mundo es más simpático. Pues yo no. Yo no mandos wasaps con fotos de corte y pega. Yo tampoco felicito a gente con la que no interfiero durante el resto del año. Y sí, soy simpático. Pero no hipócrita.

Mañana tengo cena familiar. Eso sí que es una auténtica fiesta. Allí ni se discute, ni se aparenta, ni se alardea de nada. Nosotros somos sencillos y compartimos. Y todo, entre caras conocidas. Quizás, porque tengo la suerte de contar con una familia muy unida, que se reúne todo el año, y no tengo que esperar a estas fiestas para poder verlos. Pero eso es suerte.


Falsedad. Hipocresía. Consumismo desenfrenado. Egoísmo. Esto es lo que queda de la navidad. Ya no se disfruta en comunidad ni en familia. Ya no se festeja nada. Ya no renace el sol.

sábado, 12 de septiembre de 2015

España vs. Cataluña

A pesar de no tener responsabilidades políticas, como ciudadano español tengo el compromiso de luchar por nuestro destino común, que es España, y que hemos compartido todos desde hace muchos siglos. Desde hace varios años atrás el asunto catalán está poniendo en peligro la convivencia entre los catalanes, y entre estos y el resto de españoles. Y esto no puedo seguir así.

Pese a nuestra diversidad, fuente de riqueza, todos juntos hemos progresado, hemos superado la pesada herencia de la dictadura, consolidado las libertades, sentado las bases de la sociedad del bienestar, y hemos conseguido el respeto de Europa, de América Latina y del mundo.


Creo que estamos mucho mejor juntos que separados. Para mí España dejaría de serlo sin Cataluña, y Cataluña tampoco sería lo mismo sin España. Pero comprendo y respeto que otros ciudadanos no lo sientan así. Este es un asunto nacional, y por eso, en el hipotético caso de una consulta, todos los ciudadanos españoles deberíamos ser llamados a expresar nuestra opinión. Aquí si comparto la opinión de los independentistas. En una democracia se debe brindar la oportunidad a los ciudadanos de expresarse. Pero a todos.

De cara a las próximas elecciones catalanas, las cuales se han convertido en un interesado referéndum por el independentismo en lugar de un ofrecimiento de programas de gobierno que solucionen los problemas que tiene Cataluña, los ciudadanos de allí deben ser conscientes de las consecuencias de su elección. Una hipotética declaración independentista debe ser de todas todas. Deben pensar en la pérdida de la condición de europeos, entre otras cosas. No libre circulación de personas, no mercado y moneda común, y todo lo que ser parte de Europa conlleva. Porque está claro que la idea de independencia es incompatible con la idea de Unión, es decir, no puede ser querer ser independiente de España y unirse a Europa, ya que Europa es España.


Para volver a seducir y convencer al corazón de catalanes de la importancia de participar en el proyecto común español y europeo no será suficiente con un cambio de Gobierno y de actitud en la Generalitat, sino que necesitamos impulsar una nueva era política en España, que reconstruya nuestra nación de ciudadanos, que fortalezca nuestra democracia, nuestros valores civiles y nuestras instituciones.

La solución al desafío pasa por dialogar y realizar reformas pactadas que reconozcan las diversidades existentes en el conjunto español, pero sin mermar ni uno de los derechos que tienen el resto de los españoles ni romper la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común. Hay que reconducir y reforzar el Estado autonómico-federal: autonomía, suficiencia financiera y respeto a la diversidad para las comunidades autónomas. Más coordinación, menos duplicidades y burocracias, y garantizar la lealtad institucional perdida, la igualdad de derechos para los ciudadanos y la unión de todos los españoles.

Catalanes, Españoles, la decisión está en nuestras manos.

lunes, 13 de julio de 2015

¿Jugamos a desnudarnos?

Ahora que ya estamos de lleno en verano, cuando ya todos nos hemos desprendido de las mangas largas, de los gorros, y de todo aquello que nos protege del frío, y cuando Don Lorenzo está haciendo que las temperaturas no bajen de los 40 ºC, os propongo un juego. ¿Por qué no nos desnudamos juntos?. Tranquilo, nadie nos mira. Solamente estamos nosotros. Quizás sea esto lo que te aterroriza. Verte desnudo ante el espejo y conocerte a ti mismo. ¿Realmente saben quiénes son?.


Nos pasamos todo el año, por no decir toda la vida, intentando escondernos ante el mundo, aparentando no ser nosotros mismos, y fingiendo nuestra propia realidad. Pero lo más preocupante es que parece darnos igual, que no tenemos intención de cambiar. Les animo a emprender un proceso de cambio. Un proceso que les lleve a saber quiénes son realmente. Yo ya lo estoy haciendo. Puedo aseguraros que es tremendamente gratificante, a la par que te brinda una inmensa paz interior.

Es un proceso valiente, transcendental, y que solamente tú puedes llevar a cabo. Te animo a que te desprendas de toda aquella ropa que te cubre, que elimines todas aquellas máscaras y etiquetas que te acompañan día tras día, y que te muestres al mundo como realmente tú eres. Sin proyectar una imagen falsa que permita verdaderamente conocerte.

¿Qué sientes?. ¿Miedo?, ¿Inseguridad?, ¿Frustración?. Desde edades tempranas somos objeto de realización de vidas infelices y fracasadas. Somos material moldeable para quienes no supieron lo que hacer con su existencia y para aquellos que nunca llegaron a conocerse. Basta. No dejes pasar más tiempo. Es el momento de vivir tu propia vida. Es el momento de intentar ser feliz de verdad. De ser feliz como eres.


Conócete. Acéptate. Respétate. Ámate. Nadie lo hará por ti. Cada uno de nosotros somos los diseñadores de nuestras propias vidas. La vida duele, pero duele menos cuando es vivida por uno mismo, cuando nos enfrentamos desnudos a lo que somos, y decidimos no contentar a los demás, sino vestirnos con nuestro propio cuerpo, con nuestro modo de ser y de pensar. Simplemente vestirnos con nuestro propio SER.


Os recomiendo este corto y maravilloso video como complemento.



domingo, 14 de junio de 2015

2015, año del cambio

Si el año pasado selfish fue la palabra más utilizada, cambio está siendo el presente la que está en boca de todo el mundo. Y es que la sociedad tiene ansias de cambio.

Que el mapa político español va a cambiar con la llegada de nuevos actores a las instituciones es un hecho. Ya con la constitución de los ayuntamientos en el día de ayer un paso gigante hacia ese cambio se ha producido. Y este fue notable no solo con las formas en las que tuvieron lugar la proclamación de los nuevos regidores, sino también con el contenido y el tono con el que los mismos manifestaron su primer discurso.


Y es cierto, el cambio que se presuponía a finales del año pasado y a principios de este, que es el que las encuestas y los medios de comunicación nos vendían, se ha quedado insuficiente. Y yo tengo mi propia teoría sobre ello. La gente, a pesar de tener inmensas ganas e ilusiones de que la situación cambie, tiene miedo al cambio. El miedo nos paraliza. Y esto es paradójico.

La explicación a ello la podremos encontrar en las propias características del ser humano. Nosotros, a diferencia de otros seres, tenemos miedo a todo tipo de cambio. El miedo nos frena como seres a iniciar un camino de transformación. Tememos situaciones que son desconocidas y que nos crean inseguridad, y es por ello por lo que no queremos abandonar nuestra particular zona de confort y preferimos seguir en la misma situación, a pesar de que estando así no somos completamente felices. Y ha sido este miedo a lo desconocido el que ha impedido que se produzca un verdadero y significante cambio político. Pero tranquilo, nunca es tarde. Estamos todavía en el año del cambio.


Y cuando me refiero al año del cambio no me refiero a un simple cambio político de un partido emergente por un partido tradicional. Tampoco me refiero a caras nuevas en los ya consolidados partidos existentes. Me refiero a un cambio de actitudes, un cambio de principios y valores, un cambio de entender la vida, etc. . Y todo ello, requiere más de un año. Porque España no solo necesita un cambio político. Necesita un cambio social, económico, ambiental y cultural, en definitiva un cambio en todos los espectros de la sociedad.

Y la única manera de que se produzca un cambio trascendental en nuestra sociedad es cambiando nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestras decisiones. Porque no hay que olvidar, que el futuro solo iguala al pasado cuando en el presente hacemos lo mismo. Señores/as, el cambio está en vuestras manos.

domingo, 26 de abril de 2015

Mediterráneo: Sueño mortal

Ante lo acontecido en los últimos días en aguas del mediterráneo me veo obligado a reflexionar en voz alta sobre lo que está ocurriendo desde hace ya muchos años a una y a otra orilla. Es ese mar mediterráneo, que ha sido puente de unión y flujo de culturas durante muchos siglos, el que se está convirtiendo en un verdadero cementerio humano. Las imágenes trágicas de barcos a la deriva atestados de seres humanos se están convirtiendo en situaciones cotidianas, a las que la comunidad internacional, y especialmente la Unión Europea, parecen no estar mirando.

Debemos entender con cierta sensibilidad los diferentes motivos, ya sean políticos, económicos o de seguridad ante conflictos bélicos o terrorismo, que hacen que nuestros hermanos africanos arriesguen su vida como última oportunidad de subsistencia. Solamente desde esta perspectiva, la de la sensibilidad y solidaridad, y contemplando la dignidad que tienen como seres humanos, con independencia de su procedencia o color de piel, se puede acometer el asunto de la inmigración.



Son muchas las voces que desde todos los ámbitos de la sociedad están reclamando a grito una solución urgente y eficaz, desde el Papa Francisco hasta el último premio Cervantes, el escritor Juan Goytisolo, que desde la tribuna que se le brindaba el pasado jueves denunciaba públicamente la actitud política y reflexionaba sobre el único crimen que tienen los inmigrantes: “su instinto de vida y su ansia de libertad”.

Las políticas migratorias europeas basadas en impedir que salgan, evitar que lleguen y repatriarlos lo más ante posible, además de ser inhumanas, no han funcionado, y por tanto, tienen que cambiar. Las discrepancias entre los países europeos en materia migratoria ponen de relieve el sin sentido de las mismas. Sabemos que el destino final principalmente es el norte de Europa, pero son a los nuestros, los del sur, a los que se les exige todo el control. Una mayor cooperación e implicación en materia migratoria sería el punto de partida, ya que al fin y al cabo este es un problema global que afecta a todos.   



Y esta política común debería pasar por medidas a corto y a largo plazo. Medidas que a corto plazo deben ir encaminadas a impedir que nuevos barcos zarpen desde las costas africanas camino hacia Europa. Por tanto, una política que luche contra las mafias y redes que trafican con seres humanos y que violan los derechos inherentes a las personas. Y por otro lado, una política que controle las fronteras entre los países africano y el continente europeo para evitar que se embarquen en la ruta marítima de la muerte. Además, la comunidad europea dadas las circunstancias de conflictos bélicos y de terrorismo yihadista debería ofrecer asilo y repartir los refugiados de manera homogénea y equilibrada por todo nuestro territorio.

Por su parte, son las medidas más a largo plazo las que tienen que luchar con el verdadero origen del problema, es decir,  cooperar económicamente y desarrollar países políticamente democráticos y estables, que garanticen la dignidad de sus ciudadanos y brinden oportunidades de subsistencias en sus poblaciones. El objetivo último es que la emigración sea una opción y no una obligación.




Hay que ser sensibles para impedir que estas tragedias ahoguen los sueños de esas personas que arriesgan su vida por una mejor. Al menos que se trabaje de manera conjunta y determinada, el mar mediterráneo seguirá convirtiéndose en la mayor fosa humana.

jueves, 2 de abril de 2015

Semana de pasión: Semana de diversión

Inmerso ya en la semana más litúrgica para la comunidad católica, nos encontramos estos días rodeados de imágenes religiosas, penitentes, cirios y unos cientos miles de turistas que contemplan asombrado tan semejante espectáculo. Y utilizo espectáculo, porque fue esa la palabra que un amigo inglés usó cuando le mostré cómo se celebra en nuestro país la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Yo no utilizaría la palabra espectáculo para describir lo que tiene lugar año tras año a lo largo de nuestra geografía, ya que esa palabra conlleva una serie connotaciones negativas que podrían herir la sensibilidad de miles de católicos. No obstante, dada mi osadía, si me atrevería a utilizar la palabra decepción. Algunos que me conocéis bien y con los que aún no he tenido la oportunidad de hablar sobre el tema, se quedarán sorprendido por el tono y el trasfondo de mis palabras, ya que como ellos bien saben, y yo no tengo ni un reparo en admitirlo, fui un “capillita” de la Semana Santa. Pero las cosas han cambiado.


Lo que parece no haber cambiado, y aún peor, parece arraigarse en nuestra cultura año tras año, es la celebración lúdica y festiva, a veces incluso sobrepasando los límites del respeto, con la que la inmensa mayoría de los españoles se toma estos días de celebración. El fervor religioso se mezcla con días de fiesta y de vacaciones, donde dedicarse a profundizar en la fe cristiana y en conocer mejor la figura de Jesús de Nazaret ha pasado a un segundo plano. El periódico neoyorquino The New York Times se hacía eco de la semana grande del catolicismo, y de cómo esta se vivía en España, a la que calificaba de fiesta grande y derroche.

En un país en el que entorno al 70% de la población se declara católico, parece una blasfemia lo que acontece estos días. En lugar de tomar la Semana Santa como días para reafirmar sus creencias y acercarse más a Dios, ese 70%  prefiere tomarse unos días de descanso y de vacaciones, y alejarse y desvincularse de sus responsabilidades que le marca su doctrina católica. Estoy completamente seguro que si le preguntásemos a la comunidad católica, un alto porcentaje no sabría contestar que se celebra estos días. Eso sí, todos ellos los tienen marcado en su particular calendario. A mí todo esto me suena a una doble moralidad y a una sociedad cada vez más hipócrita.


Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con la oración, es reflexionar en los misterios de la pasión y muerte de Jesús, y no aprovechar estos días para la diversión. Ah, por cierto, tengo que dejar de escribir que voy a salir de copas con amigos y se me hace tarde.

domingo, 8 de marzo de 2015

Los Toros: Arte o Salvajada

Arranca la temporada taurina y con ella la controversia que año tras año sacude al mundo de los toros, ¿es arte o salvajada?. La polémica sobre la fiesta de los toros es tan antigua como ella misma. Papas y reyes la prohibieron y la autorizaron, intelectuales de todas las épocas se han dividido entre amantes y enemigos, y la discusión sigue hoy en día más viva que nunca. Pero lo que es indiscutible es que la fiesta de los toros está intrínsecamente unida a la historia y a la cultura de España.

Es importante puntualizar que el toreo, los toros, no tiene nada que ver con encierros u otras fiestas populares en las que el toro es también protagonista, y que sería otro tema a discutir. Lo que yo pongo encima de la mesa hoy es el toreo manifestado en una corrida de toros, el cual yo defiendo como expresión artística.


Nada y nadie impide, no obstante, que existan personas contrarias a la fiesta, que sufran con la visión de la sangre, que defiendan que se proteja a los animales o defiendan incluso su desaparición.

A mí también me repugna la sangre, y la tortura y el sufrimiento ajeno. Y no creo que pertenezca por mi afición a un grupo de crueles mortales enfermos de morbo. Por el contrario, me conmueve un animal bravo y noble y un héroe artista; y me emociona la gracia y el sentimiento de un torero, y la raza y la casta de un toro, del mismo modo que rechazo toda suerte violenta.

La mayoría de los atacantes a la fiesta, con todo mi respeto, son ignorantes del amor que se le tiene al animal más bello y noble que es el toro. Y somos conscientes del papel tan importante que juega el toro en la conservación del ecosistema único de la dehesa. Al fin y al cabo, el toro es el eje de esta cultura, por lo que su crianza y cuidado es fundamental.

Tengo la buena o mala suerte de pertenecer a una cultura en la que el toro es protagonista de un modo de entender la belleza. Y acepto que otros no lo entiendan así, pero lo que no acepto es que ensucie y se utilice esta fiesta para manipular sobre el maltrato a los animales. Quién no le guste ni entienda este mundo que lo respete, como nosotros respetamos aquellos que no les gusta o no lo entienden, pero que no lo utilicen para sus intereses, porque está claro que el toreo ha sido y es una manifestación artística, y no torturadora.

Prueba de ello son los continuos reconocimientos que el mundo del toro recibe, como por ejemplo las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes que año tras año se le conceden a personalidades de la fiesta. Pero los reconocimientos más destacados se produjeron cuando el faraón de Camas, Curro Romero, hizo el paseíllo, esta vez por la alfombra roja, que le llevaba a ingresar en La Real Academia de Bellas Artes de Sevilla. Al igual que años antes, el maestro de Chiva, Enrique Ponce, cuando se convirtió en el primer torero de la historia en ser nombrado académico de La Real Academia de Nobles Artes de Córdoba.

Acontecimientos como estos ponen de manifiesto los valores culturales y artísticos que entraña el toreo, nuestra Fiesta Nacional. Pues es importante señalar la presencia de otras artes en el toreo, ya que en una tarde de toros se conjugan la música, la danza o la fotografía por señalar algunas.


El mundo del toro ha sido y es eje fundamental de todas las manifestaciones artísticas, que ha servido de referencia y fuente de inspiración a todas las artes y artistas, pues es imposible entender la literatura sin obras como “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de  Lorca o “Chuflillas” de Rafael Alberti. A su vez la pintura sería inconcebible sin obras como el “Guernica” de Picasso o los gravados sobre tauromaquia de Goya. ¿A caso se podría entender la escultura sin las obras de Mariano Benlliure o la fotografía sin las de Arjona y el Cano?. ¿Qué sería la música sin los magníficos pasodoble taurinos o el cine sin películas como “El último cuplé” o “Hable con Ella” del director manchego?. Por su parte, ¿sería igual las artes industriales (textiles, cerámica, etc.) y humorísticas sin los temas taurinos?.

La tauromaquia como toda manifestación artística también ha evolucionado. Sería impensable que en el siglo XIX se pudiera torear con la limpieza, la profundidad y la perfección del toreo actual. En el toreo sin una técnica depurada difícilmente el torero podría expresar lo que su alma y su corazón le dicta. En cualquier actividad artística y muy especialmente en el toreo si no se domina la técnica, el cuerpo se queda a merced del toro. La técnica es imprescindible para el dominio de la expresión artística del toreo, es además la que posibilita que el arte fluya con mayor naturalidad.


Al toro no hay que enfadarle sino todo lo contrario, convencerle de que sin hacerle daño y sin que se dé cuenta puedes ir llevándolo a tu terreno. Siempre hay que ir y torear a favor del toro, nunca en contra. Por lo tanto, para mí el arte de torear no es llevar al toro por donde no quiere ir sino por donde tú quieres que vaya, eso sí, siempre con su permiso.

Concluyo invitando a los lectores de esta entrada a manifestar sin ningún tipo de miedo y desde el más profundo de los respecto su punto de vista al respecto. Estoy seguro que toda aportación y opinión será inmensamente interesante. La mía es que la Fiesta de Los Toros es el arte entre las artes.

jueves, 12 de febrero de 2015

Corrupción a la carta

He escuchado y discutido varias veces a cerca de esa convicción de que el español por naturaleza es pícaro, espabilado y hasta incluso algo ladrón. Yo me niego a aceptar tal afirmación. El español, al igual que cualquier otro ser humano se comporta de la misma manera ante situaciones y sistemas similares. El problema es que en España tenemos un sistema que se brinda a la corrupción.

No es verdad que los españoles seamos corruptos. Este país lo forman en su inmensa mayoría millones de honrados ciudadanos que día tras día se levantan temprano para sacar a sus familias adelante. Lo que sí es verdad es que el sistema español es corrupto.




Por tanto, la corrupción en España es sistemática, y sólo podrá ser combatida con medidas estructurales que reformen en profundidad el sistema. Medidas que en mi opinión pasarían por:

- Reforzamiento de la justicia, garantizando su independencia y su equidad, con procedimientos rápidos y transparentes que no vulneren la presunción de inocencia, y con multas y penas estrictamente severas.

- Lucha decidida contra el fraude fiscal. El actual sistema favorece el fraude fiscal. Con datos del año pasado, 253.000 millones de euros escaparon en España del control del fisco, lo que representa en torno al 26% del PIB español. Se necesitan más técnicos y más inspectores, más mecanismos para su detención y, la eliminación de los llamados paraísos fiscales.

- Reforma de la administración, eliminando municipios, mancomunidades y diputaciones, eliminando infraestructuras sin sentido y costosas, como aeropuertos sin aviones o escuelas sin niños, e incorporando criterios productivos y transparentes en su adjudicación y ejecución.

- Nueva ley electoral que elimine las listas cerradas y las provincias como distritos. Todos los cargos que gestionen recursos públicos deberían ser elegidos directamente por los ciudadanos, eliminándose así los llamados puestos de confianza o puestos elegidos a dedo. Por otra parte, el voto de cada ciudadano debería tener el mismo peso con independencia de la provincia en la que resida el ciudadano.


- Modificación de la ley de partidos, garantizando su democracia interna, limitando su financiación y, mostrando absoluta transparencia en referencia a procedencia y gestión de recursos, eliminando así cualquier posibilidad de soborno y cohecho.

- Incorporación en las escuelas de una educación para la ciudadanía que instruya a las nuevas generaciones en los valores cívicos de la democracia.

Estas son algunas medidas que desde mi punto de vista impedirán que la corrupción sistemática que padecemos prevalezca contra la necesidad de regeneración democrática que la actual sociedad está pidiendo a gritos. 

domingo, 18 de enero de 2015

Atentado a la libertad de expresión

Lo acontecido la semana pasada a nuestros vecinos franceses no es un atentado más. Este es diferente. Así se lo hacía saber a mi hermana mayor aquel día entre tienda y tienda, nos encontrábamos de rebajas, ya que me observaba cómo no podía despegarme de mi celular para seguir lo que acontecía en París. Esta vez se atentaba contra la libertad de expresión, contra un país occidental y su cultura.

Francia representa desde tiempos de la ilustración el camino que guía hacia los valores que nos diferencian de muchos países de oriente: libertad, democracia y derechos humanos, y ha sido la no renuncia a uno de los principios fundamentales de la cultura de la libertad, el derecho de crítica, el que se ha llevado la vida de 17 franceses. Pero lo que no puede Francia, Europa occidental, el mundo libre, es que se lleve la renuncia a uno de los valores que son el fundamento de la civilización, no poder ejercer la libertad de expresión a través de la crítica y el humor.




Los que hemos nacido y vivimos en la Europa libre no concebimos otra manera de convivencia sin el valor intangible de la libertad, tan importante para el desarrollo cívico de nuestras sociedades. Debemos reconocer a nuestros predecesores el esfuerzo valiente por la lucha de la libertad, y debemos los que disfrutamos de ella protegerla, conservarla y expandirla. Hoy más que nunca frases como la escrita por Evelyn Beatrice Hall en la biografía del francés Voltaire, “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo", tienen un sentido transcendental para entender como la gente que vivimos en civilizaciones libres toleramos las diferencias y abogamos por los derechos libres como ciudadanos.


Al hilo de lo acontecido líderes europeos y mundiales, de todos los colores y tamaños, se unían, y se hacían la foto, a la marcha contra los ataques yihadistas que recorrían el pasado domingo la capital parisina. ¿Por qué no se reunieron tales líderes para luchar a favor de la paz, y hubieran dejado así la marcha al pueblo anónimo?. La madre Teresa de Calcuta dijo que jamás la llamaran para una manifestación en contra de la guerra, que la invitaran a una a favor de la paz. Y es en la búsqueda y defensa de la paz, donde los líderes políticos y religiosos deberían focalizar su trabajo y sus esfuerzos. Debemos luchar por lo que nos une como países civilizados, la paz, y no por lo que nos separa, el terror fanático y totalitario.


domingo, 4 de enero de 2015

Año nuevo: Nuevos propósitos

Comienza el nuevo año, y con él todos nos marcamos nuevos propósitos que caerán en saco roto a las pocas semanas del inicio de este. Apuntarse al gimnasio, cambiar de trabajo o dejar de fumar son los típicos objetivos que todos nos proponemos con el pistoletazo de salida del nuevo año.


Yo os sugiero diferentes retos, que no por ello van a ser fáciles de conseguir, y que al igual que los típicos propósitos requieren de fuerza de voluntad y constancia, pero que si los alcanzamos o nos acercamos a ellos nos harán sentir mucho mejor. Os invito a fijaros los siguientes:

-Amarse a uno mismo. No se puede amar a los demás sino nos amamos nosotros primeros. Ello conlleva aceptar nuestros fallos y defectos, y tratar que estos no mermen nuestras virtudes.

-Intentar ser lo más feliz posible. Como muchos estudios indican la felicidad se manifiesta por momentos, por lo que debemos buscarlos continuamente, disfrutarlos y compartirlos con los que nos rodean.

-Pasar más tiempo con la familia, pareja y amigos. Las nuevas tecnologías, indiscutiblemente útiles en nuestra sociedad, están haciendo que cada vez más nos pasemos más tiempo pegados a ellas, y que estemos pasando por alto dedicar tiempo a personas que queremos y que son fundamentales en nuestras vidas.

-Fomentar el contacto humano. Nos tocamos poco, y por eso sentimos menos. Dar besos y abrazos, dar una palmada en la espalda o simplemente ofrecer un apretón de manos nos harán sentir mejor.

-Parar de quejarnos. Quejándonos no se consigue las cosas. Nos pasamos la vida entera quejándonos, en lugar de disfrutar lo que tenemos. Emilio Duró dice que los marrones los atraen la gente marrona. Entonces yo me pregunto lo siguiente: la gente que se queja de que todo está mal, ¿Serán ellos los que están mal?. Prueba a no quejarte.

-Retomar conversaciones pendientes. Quizás fue un mal entendido entre amigos o compañeros de trabajo, quizás sea una discrepancia familiar o simplemente no sabemos por qué hemos dejado de hablarnos con alguien, el caso es que no merece la pena seguir en tal situación. Es momento de aparcar diferencias y restablecer relaciones perdidas, y si procede a pedir perdón.

-Tomarse las cosas con humor. Ríete de ti mismo, haz locuras, no tengas miedo al ridículo, se divertido, tómate las cosas con sentido del humor. Todo ello nos ayudarán a ver la vida desde otra perspectiva completamente diferente.

-Ayudar a quien lo necesite. No tiene por qué ser económica, quizás necesita que le escuches, que le apoyes, que llores con él/ella, que rías con ella/él. Son pequeños actos individuales que hacen cosas grandes para otros.


Sin lugar a duda son propósitos alcanzables, que con determinación y constancia harán que nos sintamos mucho mejor con nosotros mismos. Feliz Año y Bienvenido.