jueves, 2 de abril de 2015

Semana de pasión: Semana de diversión

Inmerso ya en la semana más litúrgica para la comunidad católica, nos encontramos estos días rodeados de imágenes religiosas, penitentes, cirios y unos cientos miles de turistas que contemplan asombrado tan semejante espectáculo. Y utilizo espectáculo, porque fue esa la palabra que un amigo inglés usó cuando le mostré cómo se celebra en nuestro país la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Yo no utilizaría la palabra espectáculo para describir lo que tiene lugar año tras año a lo largo de nuestra geografía, ya que esa palabra conlleva una serie connotaciones negativas que podrían herir la sensibilidad de miles de católicos. No obstante, dada mi osadía, si me atrevería a utilizar la palabra decepción. Algunos que me conocéis bien y con los que aún no he tenido la oportunidad de hablar sobre el tema, se quedarán sorprendido por el tono y el trasfondo de mis palabras, ya que como ellos bien saben, y yo no tengo ni un reparo en admitirlo, fui un “capillita” de la Semana Santa. Pero las cosas han cambiado.


Lo que parece no haber cambiado, y aún peor, parece arraigarse en nuestra cultura año tras año, es la celebración lúdica y festiva, a veces incluso sobrepasando los límites del respeto, con la que la inmensa mayoría de los españoles se toma estos días de celebración. El fervor religioso se mezcla con días de fiesta y de vacaciones, donde dedicarse a profundizar en la fe cristiana y en conocer mejor la figura de Jesús de Nazaret ha pasado a un segundo plano. El periódico neoyorquino The New York Times se hacía eco de la semana grande del catolicismo, y de cómo esta se vivía en España, a la que calificaba de fiesta grande y derroche.

En un país en el que entorno al 70% de la población se declara católico, parece una blasfemia lo que acontece estos días. En lugar de tomar la Semana Santa como días para reafirmar sus creencias y acercarse más a Dios, ese 70%  prefiere tomarse unos días de descanso y de vacaciones, y alejarse y desvincularse de sus responsabilidades que le marca su doctrina católica. Estoy completamente seguro que si le preguntásemos a la comunidad católica, un alto porcentaje no sabría contestar que se celebra estos días. Eso sí, todos ellos los tienen marcado en su particular calendario. A mí todo esto me suena a una doble moralidad y a una sociedad cada vez más hipócrita.


Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con la oración, es reflexionar en los misterios de la pasión y muerte de Jesús, y no aprovechar estos días para la diversión. Ah, por cierto, tengo que dejar de escribir que voy a salir de copas con amigos y se me hace tarde.

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