Sin llegar a competir,
Simone Biles pasará a la historia de estos juegos olímpicos por alzarse con
todas las medallas de oro, plata y bronce. Medallas merecidas por tener el
valor de decirle al mundo que está enferma. Tiene problemas de salud mental.
Nada hacía presagiar
que una de las mejores gimnastas de todos los tiempos decidiera retirarse en
plena competición porque su ansiedad y presión le impedían continuar. Y es que
la procesión va por dentro. Biles ha dado una lección; una retirada a tiempo es
una victoria, es mejor parar antes de que la rueda reviente. Ha sido admirable
su decisión de poner su salud mental por delante de cualquier éxito.
Lo ocurrido a Simone
Biles es un reflejo de lo que está sufriendo el mundo. El mundo está enfermando
mentalmente, y es ciertamente preocupante. Anterior a la covid-19 ya existían
claros síntomas de que la sociedad no andaba bien. No se estaba tratando, y
ahora la crisis económica y social provocada por el coronavirus no hará más que
agravar el problema.
Vivimos una época donde
las palabras estrés, ansiedad, miedo o frustración, están en nuestro
vocabulario del día a día. También están en el día a día de muchas personas
antidepresivos y otros medicamentos, los cuales forman ya parte fundamental de
sus dietas. Todo esto se agudiza con los tabúes y etiquetas que existen
alrededor de estos temas de salud mental.
Exigencia propia, altas
expectativas sociales, miedo al fracaso, búsqueda de la perfección, constante
deseo de mejora, éxito profesional, incertidumbre ante el futuro, son algunos
de los principales detonantes de los problemas de salud mental. Siendo un
problema global, es inaceptable el silencio que lo rodea, su estigmatización y
las dificultades para visualizarlo y ponerle remedio.
Hay que tratar la mente
como se trata el resto del cuerpo. Al igual que vas al dentista si te duele una
muela, hay que pedir cita con el psicólogo o psiquiatra si el dolor está en la
mente. Sin miedo al qué dirán, y pensando que no eres débil al reconocer el
problema y pedir ayuda. Y cómo cualquier otro músculo del cuerpo, el cerebro y
la mente hay que entrenarlo para evitar fracturas y estar más sanos. Estoy
convencido que en un futuro no muy lejano habrá gimnasios para entrenar la
mente. Gimnasios donde aprender a manejarla, y donde la gestión de las
emociones estará en la tabla de entrenamiento en lugar de las pesas.
Los gobiernos deberían
tener entre sus prioridades la salud mental: incluir en el sistema educativo
carga lectiva para aprender sobre la mente y su gestión, ofrecer en el sistema
sanitario un amplio servicio para paliar el sufrimiento mental, y sobre todo
crear una atmósfera social donde se hable sin tabúes sobre este gran mal. De no
hacerlo se estará favoreciendo que la sociedad enferme.
¿Por qué ocultamos una depresión y hacemos público cualquier otra enfermedad? Hay millones de personas que sufren lesiones mentales, millones. Quizás sea ya la enfermedad que causa más muertes. Aceptemos que todos podemos sufrirla y decirlo con total naturalidad caso de que te toque. Tranquil@, no estás loc@.



No hay comentarios:
Publicar un comentario