viernes, 13 de agosto de 2021

Sociedad mentalmente enferma

Sin llegar a competir, Simone Biles pasará a la historia de estos juegos olímpicos por alzarse con todas las medallas de oro, plata y bronce. Medallas merecidas por tener el valor de decirle al mundo que está enferma. Tiene problemas de salud mental.

Nada hacía presagiar que una de las mejores gimnastas de todos los tiempos decidiera retirarse en plena competición porque su ansiedad y presión le impedían continuar. Y es que la procesión va por dentro. Biles ha dado una lección; una retirada a tiempo es una victoria, es mejor parar antes de que la rueda reviente. Ha sido admirable su decisión de poner su salud mental por delante de cualquier éxito.

Lo ocurrido a Simone Biles es un reflejo de lo que está sufriendo el mundo. El mundo está enfermando mentalmente, y es ciertamente preocupante. Anterior a la covid-19 ya existían claros síntomas de que la sociedad no andaba bien. No se estaba tratando, y ahora la crisis económica y social provocada por el coronavirus no hará más que agravar el problema.

Vivimos una época donde las palabras estrés, ansiedad, miedo o frustración, están en nuestro vocabulario del día a día. También están en el día a día de muchas personas antidepresivos y otros medicamentos, los cuales forman ya parte fundamental de sus dietas. Todo esto se agudiza con los tabúes y etiquetas que existen alrededor de estos temas de salud mental.

Exigencia propia, altas expectativas sociales, miedo al fracaso, búsqueda de la perfección, constante deseo de mejora, éxito profesional, incertidumbre ante el futuro, son algunos de los principales detonantes de los problemas de salud mental. Siendo un problema global, es inaceptable el silencio que lo rodea, su estigmatización y las dificultades para visualizarlo y ponerle remedio.

Hay que tratar la mente como se trata el resto del cuerpo. Al igual que vas al dentista si te duele una muela, hay que pedir cita con el psicólogo o psiquiatra si el dolor está en la mente. Sin miedo al qué dirán, y pensando que no eres débil al reconocer el problema y pedir ayuda. Y cómo cualquier otro músculo del cuerpo, el cerebro y la mente hay que entrenarlo para evitar fracturas y estar más sanos. Estoy convencido que en un futuro no muy lejano habrá gimnasios para entrenar la mente. Gimnasios donde aprender a manejarla, y donde la gestión de las emociones estará en la tabla de entrenamiento en lugar de las pesas.

Los gobiernos deberían tener entre sus prioridades la salud mental: incluir en el sistema educativo carga lectiva para aprender sobre la mente y su gestión, ofrecer en el sistema sanitario un amplio servicio para paliar el sufrimiento mental, y sobre todo crear una atmósfera social donde se hable sin tabúes sobre este gran mal. De no hacerlo se estará favoreciendo que la sociedad enferme.

¿Por qué ocultamos una depresión y hacemos público cualquier otra enfermedad? Hay millones de personas que sufren lesiones mentales, millones. Quizás sea ya la enfermedad que causa más muertes. Aceptemos que todos podemos sufrirla y decirlo con total naturalidad caso de que te toque. Tranquil@, no estás loc@.

domingo, 13 de junio de 2021

Pandemia Machista

Ahora cuando la pandemia de la covid-19 parece remitir, una nueva ola de violencia machista circula por la geografía española. Nueva ola porque en España llevamos con esta pandemia décadas.

Rabia, dolor, indignación, hartazgo son algunos de los sentimientos que está viviendo la sociedad española ante esta lacra, la cual no somos capaces de controlar y erradicar, y que está marcando en cierto modo el porvenir de nuestro país. Aunque el asesinato sea la punta más visible del iceberg, debajo esconde conductas denigrantes y violencias de todo tipo sobre las mujeres.

Día tras día, semana tras semana, mes tras mes, la prensa abre titulares con nuevos casos de violencia de género, a los cuales nos estamos acostumbrando como parte de nuestras vidas, sin pararnos a pensar que esta pandemia nos infravalora como sociedad y sin buscar una vacuna inminente que aniquile de una vez por todas este maldito virus.

Esta inaceptable situación exige una reflexión colectiva acerca de la cultura patriarcal de nuestra sociedad, y del dominio y control que algunos hombres ejercen y que deriva en muchos casos en violencia y asesinatos. Reflexión que igualmente hay que extender sobre la desprotección que sufren las mujeres valientes que denuncian, y sobre la incapacidad de la sociedad para prevenir y alertar ante situaciones de maltrato. Es responsabilidad de todos, y no sólo de la mujer maltratada, denunciar indicios maltratadores.

Según números estudios publicados, al igual que la covid-19, el virus machista parece atacar en mayor porcentaje a las clases sociales más humildes, y parece lógico. Lógico principalmente por dos motivos: en primer lugar, porque generalmente estas clases tienen menos oportunidades de educación y, en segundo lugar, porque la falta de recursos económicos hace que exista una dependencia mayor de la mujer hacia el hombre en estos estamentos de la sociedad. Estos motivos verdaderamente no son opiniones, sino realidades que viven la mayor parte de las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia.

Es vergonzante observar como dirigentes políticos de nuestro país intentan hacer voto y campaña sobre este asunto, llegando incluso hasta negar la violencia de género ante cifras tan escalofriantes. Es responsabilidad de todos los partidos políticos condenar sin estridencias esta violencia, y poner en primera línea de sus agendas una solución efectiva. A pesar de que los partidos más a la izquierda son autoproclamados feministas y de que España cuenta con una de las leyes contra la violencia de género más avanzadas del mundo, es evidente que algo falla.

Aunque en ocasiones sea el hombre el maltratado, igualmente inaceptable, o existan falsas mujeres maltratadas que se aprovechan de la situación, no hay que desviar el foco en luchar contra esta pandemia machista que está arraigada hasta la médula cultural de este país que es España. Cultura patriarcal donde el hombre sería el amo del cortijo, el cual espera que la mujer se quede en casa con el delantal puesto y a sus órdenes.

El siglo XXI ha de ser el siglo de las mujeres. También el siglo en el que se consiga la plena igualdad entre géneros, y el siglo en el que se e radicalice cualquier tipo de violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujer. Todo esto sólo se consigue con una cosa; con educación.