domingo, 4 de septiembre de 2016

¿Sistema educativo tradicional & Educación del siglo XXI?

Esta es la reflexión que os brindo a solo unos días de comenzar el curso académico. Libros, asignaturas, exámenes y un timbre que marca las horas, o trabajo interdisciplinar, horarios flexibles, y aprendizaje por proyectos y en equipo. Claramente son modelos muy diferentes.

Con el siglo XXI y las nuevas tecnologías han llegado nuevas prácticas educativas que están poniendo en cuestión el tradicional modelo y la finalidad que tienen los centros educativos estos días.


Y es que los centros fueron creados para la transmisión de la información, y la transformación de esta en conocimiento. El asunto es que la información está hoy en día accesible para todo el mundo en libros y en internet. Ahora el conocimiento no solo se produce en los centros, sino  también en la Wikipedia, en las redes sociales y en las plataformas online.

Entonces, ¿Cuál es la mejor forma de adquirir los conocimientos? ¿Lecciones magistrales donde el profesor dicta y el alumno copia?, ¿Autoaprendizaje?, ¿O será una mezcla de ambas?

Lo que está claro es que el modelo tradicional, donde el profesor suelta las típicas clases y los alumnos desde sus pupitres atienden y toman apuntes, está obsoleto. No involucra al alumnado en su aprendizaje, al debate, a la crítica, ni a la reflexión. Solo incentiva a sacar una nota y una certificación. Y de ahí que los centros y la universidad se estén convirtiendo en fábricas de certificaciones. Vaya negocio.


El futuro debe pasar por la participación. El conocimiento no debe ser unidireccional de profesor a alumno. Sino compartido por todos. Las aulas tienen que ser espacios propicios para el diálogo, y no para tomar apuntes y después vomitar la información que se ha memorizado en forma de examen. Hay que buscar experiencias que empujen a emprender, crear e innovar. Experiencias que motiven a aprender conocimientos para ponerlos en práctica en la vida real. Porque está claro, el actual modelo no prepara para el mundo de fuera.

Observemos el sistema finlandés. Fomenta proyectos interdisciplinares que interesan a los alumnos. Así están motivados y con ganas de llegar a casa para investigar sobre el tema. Son clases colaborativas en las que los alumnos trabajan en grupos y con profesores de distintas materias simultáneamente. Allí se aprende practicando, teniendo unos conocimientos generales previos.


No pienso que las clases magistrales no sean necesarias, pero hay que adaptarlas. A Cervantes hay que conocerlo, y el teorema de Pitágoras también. Estas no están reñidas por ejemplo con la  educación emocional que tanto requiere el mundo de hoy. Pero cuidado, no confundirse con las lamentables palabras del exministro Wert, que llegó a decir que el objetivo de la educación es la empleabilidad. Que lo que importa son las llamadas competencias, y no el conocimiento.

Pues Wert, una sociedad sin conocimientos, por muchas competencias que tenga, no es sociedad.

martes, 2 de agosto de 2016

Todos a pasar la ITV

Que sí, le decía a un amigo hace algún tiempo. Que es necesario que todos pasemos la ITV. Que no es solo una revisión para los vehículos. Que las personas necesitamos regularmente pasar este control. Que nos ayudaría a mantenernos en alerta y en un estado de mejora continua.


Sócrates no sólo apuntaba a la necesidad de reflexionar internamente acerca de cómo estamos viviendo, sino también a la necesidad de parar, observarnos, y analizar nuestras vidas personales. Todo ello para alcanzar mayores cuotas de felicidad. Estoy seguro que a más de uno lo “tirarían” en esta ITV personal.

Vivimos en un ajetreo continuo. Sin pararnos. Sin controlar nuestras vidas. Sin analizar de dónde venimos, quiénes somos, y hacia dónde queremos ir. Por eso, busca un hueco. Pídete tu propia cita. Relájate, reflexiona y toma acciones.
Aquí no hay mecánicos. El mecánico eres tú. Y para que lo sepas, para pasar este control tendríamos que comprobar que estamos bien físicamente, psicológicamente, y más importante aún, emocionalmente. Y para eso te tienes que preguntar: ¿Está bien mi cuerpo?, ¿Está bien mi mente?, ¿Y mi corazón?.


El cuerpo no es solo el conjunto de órganos que hace que todo funcione. Es nuestra carta de presentación. Por eso es sumamente importante tener un estado físico óptimo. Y esto se logra con buena nutrición, con calidad en el descanso y haciendo ejercicio.

La mente. El centro psicológico. Y es que es fundamental estar psicológicamente estable, tener buenos pensamientos, controlar el diálogo interno, así como mantener la mente en silencio. Esto nos permitirá tener una clara orientación en la vida, tomar las correctas decisiones, y vivir de acuerdo a los principios y valores para sentirnos seguro ante los desafíos de la vida.

Y por último, el corazón. Las emociones. El motor de nuestro vehículo. De nada vale tener una buena carrocería, y un buen equipamiento, si el motor está gripado. Hay que cuidar el corazón. De ahí el sentido de la ITV. Párate, analízate y busca ese equilibrio emocional. Hay que trabajar en tener las pasiones controladas, y en poseer una autoestima alta. El corazón además, está íntimamente relacionado con las relaciones. No solo amorosas. Relaciones humanas en todos sus sentidos. Por tanto, analiza tus relaciones. Y si alguna no funciona, o la sustituyes o la abandonas.


Pues ya lo sabes. ¿En qué estado te encuentras?. ¿Pasarías la revisión?, o ¿necesitarías algún cambio?. No te preocupes si es así. Para eso está la ITV. Para pararnos, evaluarnos y mejorar nuestras vidas.

sábado, 18 de junio de 2016

Europa se tambalea

Europa: ahora o nunca. El proyecto europeo peligra. Europa: al borde del fracaso. La hora de Europa. Estas son algunas de las frases en las que he estado pensando para titular esta reflexión. Y es que la situación en la que se encuentra el viejo continente parece no tener título.


Lejos están las buenas intenciones con las que se comenzó el proyecto europeo. Una crisis económica sin precedentes, un auténtico disparate en la gestión de asilo y refugio, y un desapego creciente ante la ausencia de los principios y valores con los que se creó la Unión Europea, están amenazando con hacer saltar por los aires el proyecto común.

La crisis económica global, y en su máxima representación la crisis griega, ha puesto de manifiesto los problemas de gobernanza de la eurozona. Imposiciones e intransigencias del norte hacia el sur no han hecho más que avivar el auge de populismos y euroescépticos, además de poner en evidencia el fracaso de sus políticas más ortodoxas y austeras. Europa necesita un euro más fuerte, una política monetaria y fiscal integrada y común para todos, y una mayor cooperación entre los diferentes gobiernos. Se tiene la sensación que las decisiones económicas se toman en países muy concretos, en bancos muy concretos, y por gobiernos muy concretos.


Pero cuando la crisis económica parecía estar tocando fondo, comienza, desde mi punto de vista, la verdadera y más grave crisis europea. Una crisis de principios y valores. La incapacidad de gestionar el drama humano ante la llegada de refugiados huyendo de la barbarie que se está produciendo en sus países de origen, no ha hecho más que poner en evidencia, además de la falta de humanidad, valores intrínsecos del proyecto europeo como son la solidaridad, la libertad, la fraternidad y la igualdad. Y es que los gobiernos europeos han preferido adoptar una solución nacional antes que una europea.

Esta ineficaz gestión migratoria y de política exterior está poniendo en peligro el espacio Schengen, uno de los pilares en los que se asienta la UE. Y como entenderás, la falta de un pilar, difícilmente hará sostener al edificio. ¿Imaginas a cada gobierno reintroduciendo fronteras y controles por su cuenta?. Pues todo parece indicar que la supresión de la libre circulación de personas está a la vuelta de la esquina. Inglaterra ya se lo está planteando. Y todo a una semana del Brexit.


El problema de la UE es que siempre ha actuado descoordinadamente. Siempre ha estado desbordada, retrasada en sus respuestas, y sin soluciones de origen. Mientras otras potencias definen sus intereses y ponen todos sus activos y recursos, Europa carece de una visión común sobre qué hacer, y cómo hacerlo.

Si no actuamos para cambiar nuestro entorno, el entorno nos cambiará a nosotros. Y es que ya lo dice el dicho popular, a perro flaco, todo son pulgas.

jueves, 28 de abril de 2016

Las escuelas: los profesores, ¿enseñan o educan?

¿Se puede enseñar sin educar?. ¿Son las escuelas las encargadas de educar a la sociedad?. ¿Cuál es su verdadera misión?. Estas y otras preguntas son la base de esta reflexión.

Es conveniente empezar comentando que enseñanza es diferente a educación, aunque ambas están íntimamente ligadas. Un individuo que obtiene buena enseñanza tendrá una mejor educación. Pero esto no es simple así. Y no daré ningún ejemplo.

¿Son los profesores, y la escuela a última instancia, la responsable de la educación?. La respuesta es no. La educación es responsabilidad familiar y de la sociedad en su conjunto. Los profesores no deben indicar-educar a los alumnos cómo actuar o pensar sobre las cosas. Por contrapartida, deben ofrecerle la cultura y dejarles que ellos libremente puedan formar su propio criterio. Por tanto, no son educadores de valores y principios, ya que estos están intrínsecamente en la cultura que se muestra.


El profesor debe transmitir valores a través de su conducta y de la cultura que enseña. Ha de ser una autoridad intelectual, y no moral que indique a los alumnos cómo pensar o cómo comportarse. Imagina un profesor indicando al grupo de alumnos como pensar. Pues todos pensarían iguales. ¿Es esto lo correcto?, ¿todos debemos pensar igualmente?. Evidentemente no.

El rol del profesorado ha de ser el de una persona que acompañe al alumno en el proceso de su aprendizaje, el cual le guíe hacia el conocimiento. El modo a través del cual el conocimiento sea aprendido será objeto de otra reflexión. Y es que el método tradicional difiere mucho del que la escuela del siglo XXI está demandando.

Esa idea del profesor como boca de sabiduría se está viendo apagada con la aparición de las nuevas tecnologías en nuestras sociedades. Hoy el conocimiento está al alcance de todos, por lo que el profesor no debe ser la “autoridad” del conocimiento. La sabiduría está en internet, en los libros. El problema está en cómo adquirir ese conocimiento. Ahí es fundamental la figura del profesor, en guiar el aprendizaje de ese conocimiento.


 Por su parte, el rol de la sociedad, en el que las familias como miembros más cercanos juegan un papel crucial, ha de ser el de educar los valores, principios y conductas que como sociedad demanda. Pero para que estos valores, principios y conductas sean comprendidos, y por tanto, adquiridos por los individuos, es necesaria la base de un aprendizaje cultural.

A la escuela se va a aprender conocimientos y habilidades, no a que nos eduquen. Es nuestra familia y nuestro entorno más cercano el responsable de ello. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Éxito, éxito y más éxito

Está de moda. Hoy en día es una de las palabras más utilizas, y también soñadas, por todo el mundo. Todos queremos tener éxito.

El éxito para cada persona es diferente. Algunos lo asocian al dinero. A tener un buen puesto de trabajo. No menos lo comparan con triunfar en algún aspecto de la vida. La RAE lo define como el resultado feliz de un negocio. Pero, ¿es esto lo que éxito significa para ti?.


El éxito es mucho más que eso. El éxito es ser feliz y amarse a uno mismo. Es aceptar quien eres. Es tener ganas de levantarse de la cama. Es hacer lo que te apasiona. Es disfrutar de lo que tienes. Es amar y ser amado. El éxito es compartir con familia y amigos. Estoy convencido que la gente fracasa cuando no se aman ellos mismos. Cuando pierden la ilusión, la pasión, y las ganas de luchar por sus metas y sueños.

El éxito no es más que una actitud. Una manera de ver la vida. Puedes sentirte exitoso por muchas cosas. La clave está en pensar que la mayoría de las cosas que ocurren en nuestro alrededor dependen en gran medida de nosotros. De nuestras decisiones. Somos responsables de lo que hacemos, pero también de lo que no hacemos. Ciertamente no podrás cambiar la dirección del viento, pero sí podrás ajustar las velas de tu propio barco para alcanzar tu propio éxito.

Una persona exitosa es aquella capaz de elegir su camino y ser responsable de sus actos. Porque ser exitoso es ser libre. Hay que esforzarse en la persona que quieres ser, no simplemente en ser una persona. Para alcanzar tu propio éxito, o pagas el dolor de la disciplina, por luchar por tus sueños, o pagas el dolor del arrepentimiento, por no luchar por ellos.


El éxito está ligado en establecer constantemente objetivos, en soñar y en no impedir que los miedos los frustren. El camino para tener éxito es tener pequeños éxitos en todos los aspectos de la vida.

El éxito comienza con tu propia voluntad. Piensa en grande y tus éxitos crecerán. Piensa en pequeño y fracasarás.

jueves, 11 de febrero de 2016

Venezuela: a la deriva y con nuevo rumbo

Hace ya varios meses pensé en escribir acerca de lo que está ocurriendo dentro de las fronteras venezolanas. Y es que la patria de Simón Bolívar parece no salir de una situación incomprensible e insoportable.


Lo que parece aún más incomprensible es que América Latina, aquella a la que el libertador Bolívar ayudó a desvincularse del imperio español, esté callada y contemplando los experimentos que día tras día, y bajo la ideología del hoy llamado “socialismo del siglo XXI”, el régimen chavista está llevando a cabo en esta hermosa y querida tierra.

 Y es que los defensores del régimen lo hacen con hipocresía. Elogian sus discursos pero evitan imitarlo en sus propias políticas. Son conscientes de que esta ideología en su práctica es un obstáculo de prosperidad y modernización para sus sociedades. Pero tranquilos, cuando todo acabe, el silencio cómplice de los gobiernos latinoamericanos quedará en evidencia.


Que la revolución bolivariana es un fracaso hoy no se discute en ninguna facultad de ciencias políticas del mundo. Y a los hechos hay que remitirse. Una economía completamente quebrada. Una población hambrienta y desabastecida. Una sociedad menos libre y más empobrecida. Una imagen internacional profundamente dañada. Y todo ello en uno de los países potencialmente más ricos del mundo.

Dicen que lo peor ya ha pasado. Que si el ejército, que es de Venezuela y se debe a ella, no ha proyectos fracasados, se mantiene al margen, y se cuenta con el apoyo internacional, el retorno a la Venezuela soñada será pacífico y real. Sin embargo, como relata el premio nobel Vargas Llosas, no hay que olvidar que una fiera moribunda es más peligrosa que una sana. Pero es cierto, un viento de esperanza y libertad corre ahora por tierras venezolanas. No es hora de buscar culpables. Es hora de alcanzar un diálogo capaz de reconciliar a una sociedad insegura y fracturada, que sufre el fracaso de unos dirigentes corruptos e incompetentes.


Y es que el sistema no ha funcionado. Al igual que tampoco lo está haciendo el capitalismo más ortodoxo. Pero esta es otra reflexión. Ahora toca liberar a los presos políticos. Trabajar para que ningún venezolano pase hambre ni horas y horas en las colas para adquirir alimentos y fármacos. Ahora toca focalizar esfuerzos en la democratización del país caribeño y en la recuperación económica y de todos los derechos humanos perdidos.

Pero lo más substancial de todo, hay trabajar para recuperar la libertad y la dignidad perdida de los venezolanos, que desde mi punto de vista, es el valor más importante de cualquier ser humano.