Parece ser que la democracia española está de
enhorabuena; el dictador tiene los días contados en el mausoleo que el mismo
mandó construirse.
Después de más de 40 años ocupando un lugar que no
le corresponde, y de las numerosas trabas familiares, administrativas y
religiosas de los últimos meses, por fin los restos del caudillo nunca más
reposarán en el mismo lugar en el que descansan miles de sus víctimas. Una
auténtica aberración.
Es una anomalía que en pleno siglo XXI un país
europeo cuente con un lugar de tributo a aquel que aniquiló la democracia. Que
exista un monumento de estado en el que se permita exaltar la figura del dictador,
además de ser una auténtica vergüenza nacional, no ayuda a despojarse de la
idea que todavía persiste en España entre bandos irreconciliables de “fachas” y
“rojos”.
Con este acto valiente de exhumación por parte del
gobierno actual, otros de ideología contraria y similar no se atrevieron, no
solo se hace justicia sino que cierra una etapa más, no la última, de la mayor
pesadilla que ha vivido España en sus últimos 100 años.
Y afirmo que no es la última, porque aunque se
quiera hacer ver que las heridas están cerradas, estas no lo están. No lo
estarán hasta que se haga justicia con todas las víctimas que sufrieron la
sinrazón fascista. No lo estarán hasta que las miles de personas que se
encuentran en cunetas y fosas comunes sean enterradas dignamente. Y no lo
estarán hasta que se pida perdón y la historia narre lo sucedido.
Por respecto a las víctimas, la exhumación del
generalísimo, que además de llegar tarde llega con polémica, así es España, y
su posterior traslado, deberían llevarse a cabo con total discreción y tranquilidad,
y sin posibilidad alguna de enaltecimiento por parte de los nostálgicos del
régimen.
Ahora que el Valle de los Caídos no contará nunca
más con los restos de Franco, y para completar la dignidad democrática que
merece este monumento nacional, a mi juicio el propio Valle debería ser re
significado mediante un doble proceso: estableciéndose un cementerio civil que reubique
a todas las víctimas, y eliminándose el carácter de basílica para convertirlo
en museo homenaje que explique lo ocurrido con la guerra civil, y lo acontecido
posteriormente con la dictadura franquista.


