Según la RAE, el destino es la meta o punto de
llegada. Aplicando el sentido común me hace pensar que todos deberíamos ir
encaminado hacia este, pero la realidad es que no es así. Y no es así por cómo
es cada individuo.
Hay personas que creen que tenemos un destino ya
establecido, que hagamos lo que hagamos no lo cambiaremos. Piensan que al nacer
cada uno tiene ya su destino fijado, y que no pueden hacer nada para cambiarlo.
Este tipo de personas consideran que hay individuos
destinados a triunfar en su área, los cuales son afortunados por haber nacido
con ciertas habilidades y talentos, y que otros no tienen más remedio que vivir
la vida que les ha tocado. Al tener estas creencias no harán nada para alcanzar
su destino, ya que piensan “lo que tenga que venir, vendrá”, por lo que por
regla general no alcanzarán grandes cosas en sus vidas.
Por el otro lado están las personas que son
conscientes que son ellas las que crean su propia meta. Están dispuestas a
esforzarse por construir y alcanzar el destino que ellas mismas han diseñado,
así como a saltear todas las circunstancias que no le conducen a este.
Saben que su destino depende del sacrificio. Son
personas que consideran que las habilidades y talentos se pueden aprender y
desarrollar. Piensan que existe el libre albedrío, y que son ellas las que
tienen la capacidad de elegir el curso de sus vidas.
Están comprometidas con ellas mismas, no tiran
balones fueras, y no suelen arrepentirse de nada, ya que ven los fracasos como
oportunidades y como parte del proceso de aprendizaje que les llevan a su
destino.
Es lógico pensar que en el destino de un individuo
influyen muchos factores; la genética que condiciona el carácter o los rasgos
físicos de una persona, el entorno social que determina el rango de
oportunidades. Estos y otros factores, que son ciertamente influyentes, no son
totalmente determinantes para alcanzar cierto destino. El ejemplo lo vemos
cuando 2 personas en aparente similitud de condiciones alcanzan destinos
diferentes. La causa, sus creencias acerca de su propio destino.
A pesar de que nuestras vidas a veces son un caos de
casualidades y hechos ilógicos, el llevar las riendas de nuestro propio
destino, ser dueños de nuestro timón, te va a permitir disfrutar del camino
para alcanzarlo. Crea tu propio destino, sacrifícate, y tarde o temprano
llegarás a él.


