En una semana en la que se nos dice que hay que pasar
página, esta no puede pasarse sin haber sido leída con anterioridad. Y es que
ETA ha causado tanto sufrimiento, que no será fácil darle la vuelta a la hoja.
Esta hoja pesa demasiado.
Pesa porque han sido casi 60 años de intolerancia, de falta
de libertad, de miedo y de violencia armada, y todo para llegar al mismo punto
de partida. ¿Acaso la banda de criminales ha conseguido algo? NADA. Y han
conseguido nada porque se han encontrado en frente a un estado democrático que
no ha cedido políticamente al chantaje. Han conseguido nada porque se han topado
con una sociedad ejemplar que ha resistido a años de asesinatos, secuestros,
extorsiones y amenazas.
ETA, inspirada en el IRA y en los movimientos de liberalización
nacional de Cuba, desde su nacimiento terrorista y sanguinario estaba destinada
a desaparecer sin lograr sus pretensiones, que no eran otras que el derecho a
la autodeterminación y el lograr una Euskal Herria reunificada, independiente y
socialista. No supo entender que en una España democrática y respaldada por
la UE sí tenía cabida sus ideas políticas, pero no la acción armada para
implementarlas.
A pesar de que la banda anunciaba esta semana su disolución,
esta reconocía su derrota en 2011. Año que decidió no matar a ningún inocente
más. Y decidió empezar a limpiarse las manos de sangre, no solo por el cambio de
giro en la izquierda abertzale ante la pérdida de confianza de la ciudadanía
vasca y por las discrepancias con su partido de cabecera, BATASUNA, sino
también por los éxitos policiales y la política del gobierno de Zapatero.
ETA, que está convirtiendo su inapelable derrota en un lavado de
imagen en pro de la paz y justificando sus crímenes como una gesta heroica por
su causa, debe saber que todo el mundo es consciente de lo acontecido en este país. ¿A quién
pretenden engañar? Que sepan que pasarán a la posteridad como la organización
asesina que ensangrentó nuestra historia, y que el único legado que dejan es el
sufrimiento causado a las víctimas y a la democracia.
Ahora toca a las instituciones y al pueblo trabajar por la
convivencia. Pero lo más importante, toca trabajar desde la izquierda abertzale
para reconocer el daño injustamente causado, ya que ETA desaparece sin
autocrítica y sin pedir perdón. Hasta que no se produzcan estos
hechos, no podremos empezar a coger la hoja para pasar página.
Su disolución no debe extinguirle de sus culpas. Los casos
tienen que seguir siendo investigados. Los asesinos tienen que seguir siendo
juzgados y condenados. Y los presos tienen que cumplir íntegramente sus penas,
sin ninguna concesión ni impunidad. Solo de esta manera se estará respetando y
tributando a la víctimas.

