Si en boca del lúcido Pepe Mújica para ser ciudadanos libres
no se debe depender del trabajo, los españoles somos presos del mismo. Y es que
en España, la idea de conciliación de la vida personal y laboral es una
auténtica quimera. Trabajamos mucho, pero rendimos poco.
Trabajo presencial y de postureo, horarios pensados para
echarse la siesta, discriminación hacia las mujeres, horas extras pagadas con
un gracias, salarios a la baja como manera única de salir de la crisis, legislación
que no se cumple, y junto a unos estilos de dirección de siglos pasados, están
situando a España una vez más a la cola de nuestros vecinos europeos, los
cuales sí disfrutan de un equilibrio entre la vida personal y profesional.
Si independientemente de donde vivas y de cuál es tu
background todos los ciudadanos del mundo disponemos de las mismas horas a la
semana, parece algo llamativo que los españoles seamos de los menos
productivos. ¿Será algo cultural? ¿O es algo inherente al sistema empresarial
español? Sea lo que fuere, la cuestión es que como sociedad moderna y
desarrollada que somos, y si queremos retener al talento y continuar avanzando, le tenemos que dar la vuelta a la tortilla de manera inminente. De lo
contrario, “adiós a mi España querida dentro de mi alma te llevo metida” decía
una letra del gran Valderrama.
Y es que una cosa está clara, sin flexibilidad laboral, sin
tener que calentar la silla para aparentar que trabajamos duro, sin sueldos
decentes y, sin igualdad entre hombres y mujeres, todo trabajador estará
insatisfecho, y si lo está será menos productivo, y si es menos productivo
afectará a la cuenta de resultados de la empresa, y al final acabará
marchándose.
No se trata simplemente de salir antes, ni de trabajar más o
menos, sino de una manera más flexible y planificada. Se trata de implantar por
ejemplo políticas de permisos que permitan a los trabajadores cuidar de sus
seres queridos a la vez que trabajan. Las claves no solo están en el negocio,
sino en las personas, que son el punto diferenciador de una empresa de otra, y
son estas las que con mejor conciliación ayudan al desarrollo de los negocios.
Hay que orientarse hacia un sistema que mida el desempeño
basado en objetivos, donde se valore el compromiso y la profesionalidad, y no
las horas que se pasan en el puesto de trabajo. Sólo con teletrabajo y horarios
flexibles, además de evitar atascos y alta contaminación, se permitiría a los
trabajadores planificar y disfrutar mejor de sus vidas, lo que claramente
tendrá repercusión en sus niveles de felicidad y productividad que se verán
reflejados en la marcha de las empresas.
Es cuestión de querer y de actitud, de que gobierno junto
con los agentes sociales y trabajadores empiecen por hablar y estudiar las particularidades
de cada sector, de fijarse en países modelos, y de comenzar a implantar ya medidas
que hagan que las personas no tengan que estar condenadas a vivir para
trabajar.
Porque esa ida, la de vivir para trabajar, es más propia de
un país en vía de desarrollo que de una sociedad avanzada como la española.


