domingo, 25 de febrero de 2018

Españoles, presos de sus trabajos

Si en boca del lúcido Pepe Mújica para ser ciudadanos libres no se debe depender del trabajo, los españoles somos presos del mismo. Y es que en España, la idea de conciliación de la vida personal y laboral es una auténtica quimera. Trabajamos mucho, pero rendimos poco.

Trabajo presencial y de postureo, horarios pensados para echarse la siesta, discriminación hacia las mujeres, horas extras pagadas con un gracias, salarios a la baja como manera única de salir de la crisis, legislación que no se cumple, y junto a unos estilos de dirección de siglos pasados, están situando a España una vez más a la cola de nuestros vecinos europeos, los cuales sí disfrutan de un equilibrio entre la vida personal y profesional.


Si independientemente de donde vivas y de cuál es tu background todos los ciudadanos del mundo disponemos de las mismas horas a la semana, parece algo llamativo que los españoles seamos de los menos productivos. ¿Será algo cultural? ¿O es algo inherente al sistema empresarial español? Sea lo que fuere, la cuestión es que como sociedad moderna y desarrollada que somos, y si queremos retener al talento y continuar avanzando, le tenemos que dar la vuelta a la tortilla de manera inminente. De lo contrario, “adiós a mi España querida dentro de mi alma te llevo metida” decía una letra del gran Valderrama.

Y es que una cosa está clara, sin flexibilidad laboral, sin tener que calentar la silla para aparentar que trabajamos duro, sin sueldos decentes y, sin igualdad entre hombres y mujeres, todo trabajador estará insatisfecho, y si lo está será menos productivo, y si es menos productivo afectará a la cuenta de resultados de la empresa, y al final acabará marchándose.


No se trata simplemente de salir antes, ni de trabajar más o menos, sino de una manera más flexible y planificada. Se trata de implantar por ejemplo políticas de permisos que permitan a los trabajadores cuidar de sus seres queridos a la vez que trabajan. Las claves no solo están en el negocio, sino en las personas, que son el punto diferenciador de una empresa de otra, y son estas las que con mejor conciliación ayudan al desarrollo de los negocios.

Hay que orientarse hacia un sistema que mida el desempeño basado en objetivos, donde se valore el compromiso y la profesionalidad, y no las horas que se pasan en el puesto de trabajo. Sólo con teletrabajo y horarios flexibles, además de evitar atascos y alta contaminación, se permitiría a los trabajadores planificar y disfrutar mejor de sus vidas, lo que claramente tendrá repercusión en sus niveles de felicidad y productividad que se verán reflejados en la marcha de las empresas.


Es cuestión de querer y de actitud, de que gobierno junto con los agentes sociales y trabajadores empiecen por hablar y estudiar las particularidades de cada sector, de fijarse en países modelos, y de comenzar a implantar ya medidas que hagan que las personas no tengan que estar condenadas a vivir para trabajar.

Porque esa ida, la de vivir para trabajar, es más propia de un país en vía de desarrollo que de una sociedad avanzada como la española.