jueves, 28 de diciembre de 2017

Te concederé tres deseos

Hoy me he levantado con buen pie, como de costumbre, y me propongo concederte lo que me pidas. Pero tienes que prometerme que trabajarás duro. Porque ya lo dice el refrán, nadie da duros por pesetas.

Te seré sincero, tú te concederás tus deseos.


Empecemos por el primero. Seguro que me pides ser feliz. ¿Quién no quiere serlo? Para este tengo la receta mágica. La felicidad está en tus manos. Depende de uno mismo, no de factores externos. La felicidad es filosofía de vida. Uno decide ser feliz o no serlo. Es cuestión de actitud, de enfoque de vida, de lo que nos decimos a nosotros mismos acerca de lo que nos pasa. Sé que no es fácil estar feliz todo el tiempo. Habrá situaciones que bajen nuestros niveles de felicidad, lo cual no quiere decir que estemos infelices.

Busca ser tú mismo y hacer lo que te guste. Rodéate de gente con la que te sientas a gusto. Será un camino, no en línea recta, y la única manera de descubrirlo será caminando. Camina.


Venga, pídeme el segundo. ¿Quieres ser millonario? Pues te quedarás con las ganas. Si no has nacido en una familia de postín, y a no ser que te toque la lotería, circunstancia muy poco probable, tu cuenta bancaria no sumará nuevos ceros de un año para otro. Pero no te preocupes, también puedes ser rico de amigos y familiares. Eso sí que es una fortuna al alcance de muy pocos. Y como todas las fortunas hay que trabajarlas y cuidarlas constantemente. Pasa rato con los tuyos, preocúpate de ellos. Llama a tus amigos, invítale unas cervezas. Son simples gestos que harán crecer tu fortuna.

¿Y que me pides de tercero? ¿Un trabajo o una pareja? Sabía que elegirías la segunda opción. Pues para el amor también tengo otra receta. No lo pidas, no lo busques. Aparecerá cuando menos lo esperes. Ese será el amor verdadero, no el ideal, que no existe. El otro, el que buscas desesperadamente, será para usar y tirar. Pero mientras que esperas diviértete, conoce a personas, no te cierres. Seguro que alguna de ellas será el amor de tu vida.


Y si ya la tienes y no te llena o no te hace feliz, borrón y cuenta nueva. No tengas miedo a la ruptura, porque es más sano estar solo que acompañado por una pareja tóxica.

Ahora que comienza un nuevo año es un momento perfecto para marcarse las acciones que nos llevarán a alcanzar nuestros deseos, ya que si no hay acción habrá decepción.

sábado, 28 de enero de 2017

Por favor, dejarme morir

Tranquilos, no alarmarse. Yo no me quiero morir. Pero sí lo quieren hacer muchas otras personas. Y no pueden. ¿Será porque la eutanasia es ilegal y está politizada? ¿Se trata de un asunto religioso? Entremos a fondo.

Para entender esta reflexión habría que empezar por estudiar el término. Eutanasia proviene del griego eu (bien o fácil) y thanatos (muerte). Así que, etimológicamente significa "buena muerte", no matar.


España, a la vanguardia en logros sociales, se merece ya un debate abierto que permita la discusión de una ley de despenalización de la misma. Que no la considere un delito. Una ley que no obligue a nadie, pero que permita a cada ser humano poder decidir y elegir libre y voluntariamente el final de su vida.

La muerte, utilizada por las religiones monoteístas como elemento de poder para meter miedo y ganarse la vida eterna, siempre ha estado en manos de un ente supremo. Vaya broma. La muerte nos pertenece a los seres humanos, y somos nosotros los que tenemos que decidir esta etapa de nuestras vidas. Hay que educar a la sociedad en referencia a la muerte. Hablar con naturalidad acerca de ella y asumir que llegará.

Y después están los políticos. Aquellos que proclaman la defensa de las libertades y no garantizan la libertad de decisión propia de morir. Aquellos que protegen el sufrimiento animal y permiten que un veterinario acabe con su vida, al tiempo que penalizan al médico que ayuda a una persona a morir. Menudas contradicciones.


Pero la mayor contradicción es la que se produce en nuestros centros sanitarios día tras día. Cuando un facultativo a petición de un paciente lo seda, le retira su medicamento o le desconecta de la máquina que le mantiene con vida, para dejarle morir. Y vamos y ha esto lo llamamos muerte voluntaria asistida. Todo porque con la sedación paliativa se evita el sufrimiento y se muere por la enfermedad, mientras que con la eutanasia se entiende que se mata al paciente. ¿Dónde está el límite? Yo no lo veo.

Ayudar a dejar de sufrir y morir en paz tiene que ser un objetivo de la medicina del siglo XXI, al igual que lo es curar y prevenir enfermedades. Hay que otorgar un nuevo “poder” a los médicos que no atente con su código ético. En este contexto, la eutanasia debe ser una opción para paliar el sufrimiento. Una opción que no obligue a los facultativos a practicarla, pero que permita ser solicitada ante circunstancias reguladas. De lo contrario se está fomentado el suicidio y la eutanasia clandestina.


¿Quién es un médico, un juez, un político o el mismo papa para impedir que un ser humano, en plenas facultades psicológicas y mentales, decida voluntaria y conscientemente dejar de sufrir? El 65% de la población española nos hacemos esta reflexión. Te preguntarás entonces ¿carta abierta a la muerte? No lo creo. Debe haber controles estrictos para que nadie recurra a esta práctica ante una depresión tratable o por otras causas sociales como la soledad o el cansancio de vida. Para estos problemas la sociedad debe ofrecer otras soluciones.

Brindemos por tanto la oportunidad de morir dignamente. Y para ello tenemos que garantizar la libertad de decidir cómo, cuándo y dónde morir. La eutanasia tiene que ser una opción y un derecho que permita el acceso legal a la muerte.