jueves, 15 de diciembre de 2016

Trump, Ropero y el Populismo

Si en 2015 selfie fue la palabra más utilizada, en este 2016, y sin haber terminado, populismo será la palabra más repetida. Está de moda. Parece como una plaga que se está extiendo por todo el mundo. Se tacha a Trump de populista al mismo tiempo que Obama se declara populista. Desde Podemos al partido de Marie Le Pen en Francia, pasando por los socialistas, todos son tachados de populistas. Pero ¿qué es el populismo? ¿es malo o bueno ser populista?

El populismo es un instrumento electoral y de poder. Trata de convencer a las masas prometiéndoles todo aquello que quieren escuchar. Y una vez en el poder, donde dije digo digo diego. Y si te he visto no me acuerdo. Esto es lo que hace el populismo entre otras cosas.


Populismo, derivado de la palabra latina populus (pueblo), está impregnado en todas las ideologías. El político populista trata de representar la voz del pueblo frente a la élite, a la que considera responsable de todos los males. Un populista de izquierdas no distingue entre izquierda-derecha, sino entre pueblo-oligarquía, centrando sus ataques contra la élite liberal. Por el contrario, los populistas de derecha son más identitarios, y para ello tratan de proteger a su pueblo étnico del establishment. De ahí su xenofobia. Lo único en común de ambos populismos es que defienden el proteccionismo frente al libre mercado.

El problema radica en que el populismo se está convirtiendo en una amenaza de las democracias, donde cada vez existe una mayor ausencia de discurso y pérdida de principios e ideología. Ante promesas imposibles, se juega con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente, dejando fuera la razón y la lógica. Los populistas jamás son culpables de nada. Son la única solución. Viven de señalar siempre a culpables ajenos, aduciendo que todo se hace en beneficio del pueblo.


En américa latina poblaciones desesperadas ante interminables crisis acuden a ciertos líderes populistas y “democráticos”, que una vez en el poder desmontan el sistema y se llenan los bolsillos. Allá, en muchos casos, el sueño populista acaba en auténticos desastres económicos y sociales, donde el vendedor de fantasías se convierte en tirano. 

Mi madre, que mientras escribo este post está pasando unos días conmigo me pregunta ¿Y esto también pasa aquí?. Y yo, que no puedo evitarlo le pregunto ¿Te suena lo siguiente?

Érase una vez un pequeño pueblo extremeño donde el ayuntamiento daba empleo a sus ciudadanos como si de una multinacional se tratase, eso sí, siempre a los mismos. Donde “ayuditas y prestaciones” para tener contento al rebaño y asegurado el voto estaban a la orden del día. Allí todos estaban contentos pensando que todos esos gestos eran gratuitos. Las palabras impuesto y deuda nadie las conocía. Veían al “amo del cortijo” publicitándose en los medios locales como el mesías que había venido a resolver sus problemas. Y colorín colorado este cuento sigue, y sigue, y sigue.


¿Y cómo desmontamos el populismo? te estarás preguntando. Pues con educación y conocimiento. Una población menos "ignorante” será más difícil de engañar y manipular a través de las pasiones e ilusiones. Solo con educación, lógica y razón se puede combatir las promesas y mentiras del populismo.