Europa: ahora o nunca. El proyecto europeo peligra.
Europa: al borde del fracaso. La hora de Europa. Estas son algunas de las
frases en las que he estado pensando para titular esta reflexión. Y es que la
situación en la que se encuentra el viejo continente parece no tener título.
Lejos están las buenas intenciones con las que se
comenzó el proyecto europeo. Una crisis económica sin precedentes, un auténtico
disparate en la gestión de asilo y refugio, y un desapego creciente ante la
ausencia de los principios y valores con los que se creó la Unión Europea,
están amenazando con hacer saltar por los aires el proyecto común.
La crisis económica global, y en su máxima
representación la crisis griega, ha puesto de manifiesto los problemas de
gobernanza de la eurozona. Imposiciones e intransigencias del norte hacia el
sur no han hecho más que avivar el auge de populismos y euroescépticos, además
de poner en evidencia el fracaso de sus políticas más ortodoxas y austeras.
Europa necesita un euro más fuerte, una política monetaria y fiscal integrada y
común para todos, y una mayor cooperación entre los diferentes gobiernos. Se
tiene la sensación que las decisiones económicas se toman en países muy
concretos, en bancos muy concretos, y por gobiernos muy concretos.
Pero cuando la crisis económica parecía estar
tocando fondo, comienza, desde mi punto de vista, la verdadera y más grave
crisis europea. Una crisis de principios y valores. La incapacidad de gestionar
el drama humano ante la llegada de refugiados huyendo de la barbarie que se
está produciendo en sus países de origen, no ha hecho más que poner en
evidencia, además de la falta de humanidad, valores intrínsecos del proyecto
europeo como son la solidaridad, la libertad, la fraternidad y la igualdad. Y
es que los gobiernos europeos han preferido adoptar una solución nacional antes
que una europea.
Esta ineficaz gestión migratoria y de política
exterior está poniendo en peligro el espacio Schengen, uno de los pilares en
los que se asienta la UE. Y como entenderás, la falta de un pilar, difícilmente
hará sostener al edificio. ¿Imaginas a cada gobierno reintroduciendo fronteras
y controles por su cuenta?. Pues todo parece indicar que la supresión de la
libre circulación de personas está a la vuelta de la esquina. Inglaterra ya se
lo está planteando. Y todo a una semana del Brexit.
El problema de la UE es que siempre ha actuado
descoordinadamente. Siempre ha estado desbordada, retrasada en sus respuestas,
y sin soluciones de origen. Mientras otras potencias definen sus intereses y
ponen todos sus activos y recursos, Europa carece de una visión común sobre qué
hacer, y cómo hacerlo.
Si no actuamos para cambiar nuestro entorno, el
entorno nos cambiará a nosotros. Y es que ya lo dice el dicho popular, a perro
flaco, todo son pulgas.


