Hace ya
varios meses pensé en escribir acerca de lo que está ocurriendo dentro de las
fronteras venezolanas. Y es que la patria de Simón Bolívar parece no salir de
una situación incomprensible e insoportable.
Lo que
parece aún más incomprensible es que América Latina, aquella a la que el
libertador Bolívar ayudó a desvincularse del imperio español, esté callada
y contemplando los experimentos que día tras día, y bajo la ideología del hoy
llamado “socialismo del siglo XXI”, el régimen chavista está llevando a cabo en
esta hermosa y querida tierra.
Y es que los defensores del régimen lo hacen
con hipocresía. Elogian sus discursos pero evitan imitarlo en sus propias
políticas. Son conscientes de que esta ideología en su práctica es un obstáculo
de prosperidad y modernización para sus sociedades. Pero tranquilos, cuando
todo acabe, el silencio cómplice de los gobiernos latinoamericanos quedará en
evidencia.
Que la
revolución bolivariana es un fracaso hoy no se discute en ninguna facultad de
ciencias políticas del mundo. Y a los hechos hay que remitirse. Una economía
completamente quebrada. Una población hambrienta y desabastecida. Una sociedad
menos libre y más empobrecida. Una imagen internacional profundamente dañada. Y
todo ello en uno de los países potencialmente más ricos del mundo.
Dicen
que lo peor ya ha pasado. Que si el ejército, que es de Venezuela y se debe a
ella, no ha proyectos fracasados, se mantiene al margen, y se cuenta con el
apoyo internacional, el retorno a la Venezuela soñada será pacífico y real. Sin
embargo, como relata el premio nobel Vargas Llosas, no hay que olvidar que una
fiera moribunda es más peligrosa que una sana. Pero es cierto, un viento de
esperanza y libertad corre ahora por tierras venezolanas. No es hora de buscar
culpables. Es hora de alcanzar un diálogo capaz de reconciliar a una sociedad
insegura y fracturada, que sufre el fracaso de unos dirigentes corruptos e
incompetentes.
Y es
que el sistema no ha funcionado. Al igual que tampoco lo está haciendo el
capitalismo más ortodoxo. Pero esta es otra reflexión. Ahora toca liberar a los
presos políticos. Trabajar para que ningún venezolano pase hambre ni horas y
horas en las colas para adquirir alimentos y fármacos. Ahora toca focalizar esfuerzos
en la democratización del país caribeño y en la recuperación económica y de
todos los derechos humanos perdidos.
Pero lo
más substancial de todo, hay trabajar para recuperar la libertad y la dignidad
perdida de los venezolanos, que desde mi punto de vista, es el valor más
importante de cualquier ser humano.

