jueves, 11 de febrero de 2016

Venezuela: a la deriva y con nuevo rumbo

Hace ya varios meses pensé en escribir acerca de lo que está ocurriendo dentro de las fronteras venezolanas. Y es que la patria de Simón Bolívar parece no salir de una situación incomprensible e insoportable.


Lo que parece aún más incomprensible es que América Latina, aquella a la que el libertador Bolívar ayudó a desvincularse del imperio español, esté callada y contemplando los experimentos que día tras día, y bajo la ideología del hoy llamado “socialismo del siglo XXI”, el régimen chavista está llevando a cabo en esta hermosa y querida tierra.

 Y es que los defensores del régimen lo hacen con hipocresía. Elogian sus discursos pero evitan imitarlo en sus propias políticas. Son conscientes de que esta ideología en su práctica es un obstáculo de prosperidad y modernización para sus sociedades. Pero tranquilos, cuando todo acabe, el silencio cómplice de los gobiernos latinoamericanos quedará en evidencia.


Que la revolución bolivariana es un fracaso hoy no se discute en ninguna facultad de ciencias políticas del mundo. Y a los hechos hay que remitirse. Una economía completamente quebrada. Una población hambrienta y desabastecida. Una sociedad menos libre y más empobrecida. Una imagen internacional profundamente dañada. Y todo ello en uno de los países potencialmente más ricos del mundo.

Dicen que lo peor ya ha pasado. Que si el ejército, que es de Venezuela y se debe a ella, no ha proyectos fracasados, se mantiene al margen, y se cuenta con el apoyo internacional, el retorno a la Venezuela soñada será pacífico y real. Sin embargo, como relata el premio nobel Vargas Llosas, no hay que olvidar que una fiera moribunda es más peligrosa que una sana. Pero es cierto, un viento de esperanza y libertad corre ahora por tierras venezolanas. No es hora de buscar culpables. Es hora de alcanzar un diálogo capaz de reconciliar a una sociedad insegura y fracturada, que sufre el fracaso de unos dirigentes corruptos e incompetentes.


Y es que el sistema no ha funcionado. Al igual que tampoco lo está haciendo el capitalismo más ortodoxo. Pero esta es otra reflexión. Ahora toca liberar a los presos políticos. Trabajar para que ningún venezolano pase hambre ni horas y horas en las colas para adquirir alimentos y fármacos. Ahora toca focalizar esfuerzos en la democratización del país caribeño y en la recuperación económica y de todos los derechos humanos perdidos.

Pero lo más substancial de todo, hay trabajar para recuperar la libertad y la dignidad perdida de los venezolanos, que desde mi punto de vista, es el valor más importante de cualquier ser humano.