Si en 2015 selfie fue la palabra más utilizada, en este 2016, y sin haber terminado, populismo será la palabra más repetida. Está de moda. Parece
como una plaga que se está extiendo por todo el mundo. Se tacha a Trump de
populista al mismo tiempo que Obama se declara populista. Desde Podemos al
partido de Marie Le Pen en Francia, pasando por los socialistas, todos son tachados
de populistas. Pero ¿qué es el populismo? ¿es malo o bueno ser populista?
El populismo es un instrumento electoral y de poder. Trata
de convencer a las masas prometiéndoles todo aquello que quieren escuchar. Y
una vez en el poder, donde dije digo digo diego. Y si te he visto no me
acuerdo. Esto es lo que hace el populismo entre otras cosas.
Populismo, derivado de la palabra latina populus (pueblo),
está impregnado en todas las ideologías. El político populista trata de
representar la voz del pueblo frente a la élite, a la que considera responsable
de todos los males. Un populista de izquierdas no distingue entre
izquierda-derecha, sino entre pueblo-oligarquía, centrando sus ataques contra
la élite liberal. Por el contrario, los populistas de derecha son más
identitarios, y para ello tratan de proteger a su pueblo étnico del establishment.
De ahí su xenofobia. Lo único en común de ambos populismos es que defienden el
proteccionismo frente al libre mercado.
El problema radica en que el populismo se está convirtiendo
en una amenaza de las democracias, donde cada vez existe una mayor ausencia de
discurso y pérdida de principios e ideología. Ante promesas imposibles, se
juega con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente, dejando fuera la razón
y la lógica. Los populistas jamás son culpables de nada. Son la única solución.
Viven de señalar siempre a culpables ajenos, aduciendo que todo se hace en
beneficio del pueblo.
En américa latina poblaciones desesperadas ante
interminables crisis acuden a ciertos líderes populistas y “democráticos”, que
una vez en el poder desmontan el sistema y se llenan los bolsillos. Allá, en
muchos casos, el sueño populista acaba en auténticos desastres económicos y
sociales, donde el vendedor de fantasías se convierte en tirano.
Mi madre, que mientras escribo este post está pasando unos días conmigo me pregunta ¿Y esto también pasa aquí?. Y yo, que no puedo evitarlo le pregunto ¿Te suena lo siguiente?
Mi madre, que mientras escribo este post está pasando unos días conmigo me pregunta ¿Y esto también pasa aquí?. Y yo, que no puedo evitarlo le pregunto ¿Te suena lo siguiente?
Érase una vez un pequeño pueblo extremeño donde el
ayuntamiento daba empleo a sus ciudadanos como si de una multinacional se
tratase, eso sí, siempre a los mismos. Donde “ayuditas y prestaciones” para
tener contento al rebaño y asegurado el voto estaban a la orden del día. Allí
todos estaban contentos pensando que todos esos gestos eran gratuitos. Las
palabras impuesto y deuda nadie las conocía. Veían al “amo del cortijo”
publicitándose en los medios locales como el mesías que había venido a resolver
sus problemas. Y colorín colorado este cuento sigue, y sigue, y sigue.
¿Y cómo desmontamos el populismo? te estarás preguntando.
Pues con educación y conocimiento. Una población menos "ignorante” será
más difícil de engañar y manipular a través de las pasiones e ilusiones. Solo
con educación, lógica y razón se puede combatir las promesas y mentiras del
populismo.























