Tendría que
remontarme a años de mi infancia para sentir el verdadero espíritu de la
navidad. Y es que las cosas han cambiado. Y mucho.
No sé
realmente que me pasa, o quizás lo sepa muy bien, pero estoy apropiándome poco
a poco de una frase que año tras año mi madre dice ante la proximidad de estas
fechas, “Cada vez me gusta menos la navidad”.
Pero, ¿cuál es
el sentido de la navidad?. Centenares de años atrás se festejaba la
resurrección del sol. Se celebraba la noche más corta del año. Más tarde, con
el cristianismo, estas fiestas además de conmemorar el nacimiento de Jesús,
seguían siendo de comunidad y de familia. Pero, ¿Queda algo hoy en día de todo
esto?.
Nuestra
sociedad, declarada cada vez más agnóstica y atea, verdaderamente no festeja
nada de esto. Y no me sorprende. Yo hace algunos años emprendí un nuevo camino
de exploración y reflexión hacia unas creencias diferentes a las que mi familia
y la sociedad que me rodeaba me habían inculcado. Fue una decisión difícil, con
mucha trascendencia, pero la cual me motiva día a día a descubrir nuevas cosas.
Tampoco me
gusta la navidad por el sentido de consumo que está adquiriendo. Es un período
de consumo compulsivo. La gente compra por comprar. Sin control. Sin necesitar
lo que compran. ¿Acaso hoy en día hay que esperar a la navidad para comer jamón
o marisco?. Eso era antes. Y ya lo decía el refrán: cuando un pobre come jamón,
o el jamón está malo o es el pobre el que está malo. No entiendo porque se
espera a estas fechas para comprar ciertos productos, si durante todo el año te
lo puedes permitir igual, y a menor precio. Quizás va relacionado con el tema
de aparentar. Pero ese es otro asunto.
Y es que somos
una sociedad hipócrita. Durante estas fechas son todos buenos deseos. Se saluda
por doquier. Feliz Navidad, Felices Fiestas, Feliz Año Nuevo. Y todo esto entre
personas que durante el año ni se miran, ni se dicen los buenos días. Pero
ahora sí, estos días todo el mundo es más simpático. Pues yo no. Yo no mandos
wasaps con fotos de corte y pega. Yo tampoco felicito a gente con la que no
interfiero durante el resto del año. Y sí, soy simpático. Pero no hipócrita.
Mañana tengo
cena familiar. Eso sí que es una auténtica fiesta. Allí ni se discute, ni se
aparenta, ni se alardea de nada. Nosotros somos sencillos y compartimos. Y
todo, entre caras conocidas. Quizás, porque tengo la suerte de contar con una
familia muy unida, que se reúne todo el año, y no tengo que esperar a estas
fiestas para poder verlos. Pero eso es suerte.
Falsedad.
Hipocresía. Consumismo desenfrenado. Egoísmo. Esto es lo que queda de la
navidad. Ya no se disfruta en comunidad ni en familia. Ya no se festeja nada.
Ya no renace el sol.

