miércoles, 30 de diciembre de 2015

Navidad, ya no eres lo que eras

Tendría que remontarme a años de mi infancia para sentir el verdadero espíritu de la navidad. Y es que las cosas han cambiado. Y mucho.

No sé realmente que me pasa, o quizás lo sepa muy bien, pero estoy apropiándome poco a poco de una frase que año tras año mi madre dice ante la proximidad de estas fechas, “Cada vez me gusta menos la navidad”.

Pero, ¿cuál es el sentido de la navidad?. Centenares de años atrás se festejaba la resurrección del sol. Se celebraba la noche más corta del año. Más tarde, con el cristianismo, estas fiestas además de conmemorar el nacimiento de Jesús, seguían siendo de comunidad y de familia. Pero, ¿Queda algo hoy en día de todo esto?.

 

Nuestra sociedad, declarada cada vez más agnóstica y atea, verdaderamente no festeja nada de esto. Y no me sorprende. Yo hace algunos años emprendí un nuevo camino de exploración y reflexión hacia unas creencias diferentes a las que mi familia y la sociedad que me rodeaba me habían inculcado. Fue una decisión difícil, con mucha trascendencia, pero la cual me motiva día a día a descubrir nuevas cosas.

Tampoco me gusta la navidad por el sentido de consumo que está adquiriendo. Es un período de consumo compulsivo. La gente compra por comprar. Sin control. Sin necesitar lo que compran. ¿Acaso hoy en día hay que esperar a la navidad para comer jamón o marisco?. Eso era antes. Y ya lo decía el refrán: cuando un pobre come jamón, o el jamón está malo o es el pobre el que está malo. No entiendo porque se espera a estas fechas para comprar ciertos productos, si durante todo el año te lo puedes permitir igual, y a menor precio. Quizás va relacionado con el tema de aparentar. Pero ese es otro asunto.


Y es que somos una sociedad hipócrita. Durante estas fechas son todos buenos deseos. Se saluda por doquier. Feliz Navidad, Felices Fiestas, Feliz Año Nuevo. Y todo esto entre personas que durante el año ni se miran, ni se dicen los buenos días. Pero ahora sí, estos días todo el mundo es más simpático. Pues yo no. Yo no mandos wasaps con fotos de corte y pega. Yo tampoco felicito a gente con la que no interfiero durante el resto del año. Y sí, soy simpático. Pero no hipócrita.

Mañana tengo cena familiar. Eso sí que es una auténtica fiesta. Allí ni se discute, ni se aparenta, ni se alardea de nada. Nosotros somos sencillos y compartimos. Y todo, entre caras conocidas. Quizás, porque tengo la suerte de contar con una familia muy unida, que se reúne todo el año, y no tengo que esperar a estas fiestas para poder verlos. Pero eso es suerte.


Falsedad. Hipocresía. Consumismo desenfrenado. Egoísmo. Esto es lo que queda de la navidad. Ya no se disfruta en comunidad ni en familia. Ya no se festeja nada. Ya no renace el sol.