A pesar de no tener responsabilidades políticas,
como ciudadano español tengo el compromiso de luchar por nuestro destino común,
que es España, y que hemos compartido todos desde hace muchos siglos. Desde
hace varios años atrás el asunto catalán está poniendo en peligro la
convivencia entre los catalanes, y entre estos y el resto de españoles. Y esto
no puedo seguir así.
Pese a nuestra diversidad, fuente de riqueza, todos
juntos hemos progresado, hemos superado la pesada herencia de la dictadura,
consolidado las libertades, sentado las bases de la sociedad del bienestar, y
hemos conseguido el respeto de Europa, de América Latina y del mundo.
Creo que estamos mucho mejor juntos que separados.
Para mí España dejaría de serlo sin Cataluña, y Cataluña tampoco sería lo mismo
sin España. Pero comprendo y respeto que otros ciudadanos no lo sientan así.
Este es un asunto nacional, y por eso, en el hipotético caso de una consulta,
todos los ciudadanos españoles deberíamos ser llamados a expresar nuestra
opinión. Aquí si comparto la opinión de los independentistas. En una democracia
se debe brindar la oportunidad a los ciudadanos de expresarse. Pero a todos.
De cara a las próximas elecciones catalanas, las
cuales se han convertido en un interesado referéndum por el independentismo en
lugar de un ofrecimiento de programas de gobierno que solucionen los problemas
que tiene Cataluña, los ciudadanos de allí deben ser conscientes de las
consecuencias de su elección. Una hipotética declaración independentista debe
ser de todas todas. Deben pensar en la pérdida de la condición de europeos,
entre otras cosas. No libre circulación de personas, no mercado y moneda común,
y todo lo que ser parte de Europa conlleva. Porque está claro que la idea de
independencia es incompatible con la idea de Unión, es decir, no puede ser
querer ser independiente de España y unirse a Europa, ya que Europa es España.
Para volver a seducir y convencer al corazón de
catalanes de la importancia de participar en el proyecto común español y
europeo no será suficiente con un cambio de Gobierno y de actitud en la
Generalitat, sino que necesitamos impulsar una nueva era política en España,
que reconstruya nuestra nación de ciudadanos, que fortalezca nuestra
democracia, nuestros valores civiles y nuestras instituciones.
La solución al desafío pasa por dialogar y realizar
reformas pactadas que reconozcan las diversidades existentes en el conjunto
español, pero sin mermar ni uno de los derechos que tienen el resto de los
españoles ni romper la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común. Hay
que reconducir y reforzar el Estado autonómico-federal: autonomía, suficiencia
financiera y respeto a la diversidad para las comunidades autónomas. Más
coordinación, menos duplicidades y burocracias, y garantizar la lealtad
institucional perdida, la igualdad de derechos para los ciudadanos y la unión
de todos los españoles.

