Arranca la temporada taurina y con ella la
controversia que año tras año sacude al mundo de los toros, ¿es arte o
salvajada?. La polémica sobre la fiesta de los toros es tan antigua como ella
misma. Papas y reyes la prohibieron y la autorizaron, intelectuales de todas
las épocas se han dividido entre amantes y enemigos, y la discusión sigue hoy en
día más viva que nunca. Pero lo que es indiscutible es que la fiesta de los
toros está intrínsecamente unida a la historia y a la cultura de España.
Es importante puntualizar que el toreo, los toros, no
tiene nada que ver con encierros u otras fiestas populares en las que el toro
es también protagonista, y que sería otro tema a discutir. Lo que yo pongo
encima de la mesa hoy es el toreo manifestado en una corrida de toros, el cual
yo defiendo como expresión artística.
Nada y nadie impide, no obstante, que existan
personas contrarias a la fiesta, que sufran con la visión de la sangre, que defiendan
que se proteja a los animales o defiendan incluso su desaparición.
A mí también me repugna la sangre, y la tortura y el
sufrimiento ajeno. Y no creo que pertenezca por mi afición a un grupo de
crueles mortales enfermos de morbo. Por el contrario, me conmueve un animal
bravo y noble y un héroe artista; y me emociona la gracia y el sentimiento de
un torero, y la raza y la casta de un toro, del mismo modo que rechazo toda
suerte violenta.
La mayoría de los atacantes a la fiesta, con todo mi
respeto, son ignorantes del amor que se le tiene al animal más bello y noble
que es el toro. Y somos conscientes del papel tan importante que juega el toro
en la conservación del ecosistema único de la dehesa. Al fin y al cabo, el toro
es el eje de esta cultura, por lo que su crianza y cuidado es fundamental.
Tengo la buena o mala suerte de pertenecer a una
cultura en la que el toro es protagonista de un modo de entender la belleza. Y
acepto que otros no lo entiendan así, pero lo que no acepto es que ensucie y se
utilice esta fiesta para manipular sobre el maltrato a los animales. Quién no
le guste ni entienda este mundo que lo respete, como nosotros respetamos
aquellos que no les gusta o no lo entienden, pero que no lo utilicen para sus
intereses, porque está claro que el toreo ha sido y es una manifestación artística,
y no torturadora.
Prueba de ello son los continuos reconocimientos que
el mundo del toro recibe, como por ejemplo las Medallas de Oro al Mérito en las
Bellas Artes que año tras año se le conceden a personalidades de la fiesta.
Pero los reconocimientos más destacados se produjeron cuando el faraón de
Camas, Curro Romero, hizo el paseíllo, esta vez por la alfombra roja, que le
llevaba a ingresar en La Real Academia de Bellas Artes de Sevilla. Al igual que
años antes, el maestro de Chiva, Enrique Ponce, cuando se convirtió en el
primer torero de la historia en ser nombrado académico de La Real Academia de
Nobles Artes de Córdoba.
Acontecimientos como estos ponen de manifiesto los
valores culturales y artísticos que entraña el toreo, nuestra Fiesta Nacional.
Pues es importante señalar la presencia de otras artes en el toreo, ya que en
una tarde de toros se conjugan la música, la danza o la fotografía por señalar
algunas.
El mundo del toro ha sido y es eje fundamental de
todas las manifestaciones artísticas, que ha servido de referencia y fuente de
inspiración a todas las artes y artistas, pues es imposible entender la
literatura sin obras como “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Lorca o “Chuflillas” de Rafael Alberti. A su
vez la pintura sería inconcebible sin obras como el “Guernica” de Picasso o los
gravados sobre tauromaquia de Goya. ¿A caso se podría entender la escultura sin
las obras de Mariano Benlliure o la fotografía sin las de Arjona y el Cano?.
¿Qué sería la música sin los magníficos pasodoble taurinos o el cine sin
películas como “El último cuplé” o “Hable con Ella” del director manchego?. Por
su parte, ¿sería igual las artes industriales (textiles, cerámica, etc.) y humorísticas
sin los temas taurinos?.
La tauromaquia como toda manifestación artística
también ha evolucionado. Sería impensable que en el siglo XIX se pudiera torear
con la limpieza, la profundidad y la perfección del toreo actual. En el toreo
sin una técnica depurada difícilmente el torero podría expresar lo que su alma
y su corazón le dicta. En cualquier actividad artística y muy especialmente en
el toreo si no se domina la técnica, el cuerpo se queda a merced del toro. La
técnica es imprescindible para el dominio de la expresión artística del toreo,
es además la que posibilita que el arte fluya con mayor naturalidad.
Al toro no hay que enfadarle sino todo lo contrario,
convencerle de que sin hacerle daño y sin que se dé cuenta puedes ir llevándolo
a tu terreno. Siempre hay que ir y torear a favor del toro, nunca en contra.
Por lo tanto, para mí el arte de torear no es llevar al toro por donde no
quiere ir sino por donde tú quieres que vaya, eso sí, siempre con su permiso.


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