Lo acontecido la semana pasada a nuestros vecinos
franceses no es un atentado más. Este es diferente. Así se lo hacía saber a mi
hermana mayor aquel día entre tienda y tienda, nos encontrábamos de rebajas, ya
que me observaba cómo no podía despegarme de mi celular para seguir lo que
acontecía en París. Esta vez se atentaba contra la libertad de expresión,
contra un país occidental y su cultura.
Los que hemos nacido y vivimos en la Europa libre no
concebimos otra manera de convivencia sin el valor intangible de la libertad,
tan importante para el desarrollo cívico de nuestras sociedades. Debemos
reconocer a nuestros predecesores el esfuerzo valiente por la lucha de la
libertad, y debemos los que disfrutamos de ella protegerla, conservarla y
expandirla. Hoy más que nunca frases como la escrita por Evelyn Beatrice Hall
en la biografía del francés Voltaire, “Estoy en desacuerdo con lo que dices,
pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo", tienen un sentido
transcendental para entender como la gente que vivimos en civilizaciones libres
toleramos las diferencias y abogamos por los derechos libres como ciudadanos.
Al hilo de lo acontecido líderes europeos y
mundiales, de todos los colores y tamaños, se unían, y se hacían la foto, a la
marcha contra los ataques yihadistas que recorrían el pasado domingo la capital
parisina. ¿Por qué no se reunieron tales líderes para luchar a favor de la paz,
y hubieran dejado así la marcha al pueblo anónimo?. La madre Teresa de Calcuta
dijo que jamás la llamaran para una manifestación en contra de la guerra, que
la invitaran a una a favor de la paz. Y es en la búsqueda y defensa de la paz,
donde los líderes políticos y religiosos deberían focalizar su trabajo y sus esfuerzos.
Debemos luchar por lo que nos une como países civilizados, la paz, y no por lo
que nos separa, el terror fanático y totalitario.


